Siguiendo
con la tozudez del Ministerio de Educación, ahora informa que este año
2021 se aplicará el Simce (Sistema de Medición de la Calidad de la
Educación), aunque exista pandemia y cuarentena. Si bien las
evaluaciones están programadas para fin de año, y sólo serán de Lectura y
Matemáticas para 4º básico y 2º Medio, debieran realizarse de forma
presencial. El año 2020 se avisó que el Simce
se aplicaría de carácter voluntario, pero luego la autoridad se
retractó y no se llevó a cabo producto de las condiciones sanitarias del
país y por la oposición de sostenedores, docentes y apoderados.
Este
año la situación no es muy distinta en términos de la pandemia y no se
puede asegurar en qué condiciones estaremos al finalizar el 2021. Pero,
¿tiene sentido tomar estas pruebas si ya todos los colegios aplicaron un
diagnóstico de aprendizajes y socioemocional (proporcionado por la
Agencia de Calidad o preparado por los propios docentes) a todos los
cursos el año pasado y a inicios de este año?
Entonces,
¿esta prueba mide realmente la calidad de la educación?, ¿se pueden
categorizar colegios de acuerdo a sus resultados?. La calidad de la
educación no se expresa en números, se ve en el día a día, en el trabajo
del profesor con sus estudiantes en aula (ahora virtual), en cómo los
aprendizajes se van logrando, en los valores que le entregan los
docentes y el colegio y en herramientas que se entreguen a los alumnos
para que enfrenten el mundo una vez egresados. La calidad de la
educación también incluye factores cualitativos, no solo cuantitativos.
Según la Agencia de Calidad de la Educación: “Los desafíos que hoy
enfrenta la educación son muy distintos a los de hace un par de décadas.
Debemos formar personas capacitadas
para enfrentar el cambio, para reflexionar y vivir en un mundo
intercomunicado, con saltos tecnológicos, transformaciones en los
trabajos y dinámicas cotidianas. Entonces, una educación de calidad es
aquella que prepara niños y niñas para estos desafíos, aprendizaje que
no puede evaluarse solo con pruebas estandarizadas”. Curioso, se observa
una contradicción evidente, declarada por el mismo organismo encargado
de administrar los exámenes contemplados en el Simce.
Independiente que se diga que los resultados de este año no serán
tomados en cuenta para fines estadísticos, será una presión adicional
para los estudiantes, que lo han pasado mal en este período de tiempo.
Si bien los resultados del Simce
entregan cierta información que puede ser de utilidad para los
colegios, en estos momentos no es la prioridad. Se invertirán muchos
recursos para la aplicación de estas pruebas, que se podrían destinar,
como por ejemplo: solucionar
problemas de conectividad de los estudiantes, entregarles dispositivos
electrónicos y proveer de internet a alumnos mas vulnerables. Asimismo,
dichos dineros podrían utilizarse para ir en apoyo de las familias que
no han “calificado” para ninguna ayuda del gobierno. Una vez más los
hechos nos demuestran que no se conoce la realidad, que existe una
desconexión con la gente, que no hay empatía con la población y que no
son escuchadas las demandas.