Sin convergencia ni coherencia

“Cualquier resultado
será mejor que una Constitución escrita por cuatro generales”, dijo el
Presidente Boric tras haber iniciado su mandato, refiriéndose al
proyecto que, en ese entonces, estaba redactando la Convención
Constitucional. Pocos meses después, lo veríamos como jefe de campaña
del Apruebo, entregando ejemplares firmados de la propuesta que, hace
poco más de un año, los chilenos, con fuerza y sensatez, rechazamos,
pues era un mal proyecto para Chile.

Esta
semana, Diego Ibáñez, presidente de Convergencia Social (el partido del
Presidente Boric), señaló que, tal como está el texto hoy, votaría en
contra. La declaración no solo contradice lo dicho por el Presidente,
sino que, además, demuestra una falta de rigor impresionante con
respecto al proceso constitucional en curso: por ahora, no existe ningún
“texto oficial” sobre el cual votar en contra. Solo existe el
anteproyecto preparado por la Comisión Experta (que el Presidente dijo
que votaría a favor), respecto del cual se han propuesto múltiples
enmiendas, las cuales si bien han sido votadas en las comisiones del
Consejo Constitucional, todavía no han sido aprobadas. Recién esta
semana el pleno del Consejo Constitucional comenzó las votaciones de un
texto que, en el mes de octubre, deberá volver a la Comisión Experta,
para su armonización y aprobación previo al plebiscito de salida.

Una
actitud similar a la de Diego Ibáñez puede verse en la columna de ayer
de Jessica Bengoa (también de Convergencia Social), quien, una vez más,
aprovecha su espacio en este medio para criticar, en forma genérica, a
la derecha y, específicamente, al Partido Republicano. Entre otras
cosas, los acusa de hacer valer “de manera avasalladora” su mayoría
circunstancial, agregando que buscan “tomar el control del proceso de
redacción en su propio beneficio”, lo cual resultaría en un proyecto
“identitario” y con una visión parcializada del país. Como en ocasiones
anteriores, las palabras de Jessica no vienen acompañadas de evidencia
que demuestre sus afirmaciones, que solo serían correctas respecto de lo
ocurrido en el proceso constitucional anterior, en que las izquierdas
que controlaban la Convención (i) se negaron sis
temáticamente
a discutir las propuestas de convencionales de derecha y de centro;
(ii) sí tenían demandas identitarias (siendo, quizás, el mejor ejemplo
de ello, el tratamiento especial y preferente que tenían los pueblos
originarios); y (iii) hicieron un proyecto de constitución “a su medida”
y excluyendo al resto del país.

De
hecho, las primeras votaciones del pleno del Consejo permiten demostrar
lo erradas que resultan las palabras de Jessica, pues una de las
enmiendas más criticadas por la izquierda (en general) y por ella (en
particular) no fue aprobada: se trata de la enmienda de acuerdo con la
cual la constitución señalaría que “todo ser humano es persona” y que
permitiría, según algunos, dejar sin efecto la legislación que permite
la interrupción del embarazo en tres causales. Por motivos de espacio,
no puedo analizar si ello es o no correcto. Solo espero haber dado
muestras de la falta de coherencia de algunos de los que, hasta hace
poco, decían que cualquier cosa es mejor que la constitución actual.

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