En
septiembre del año 2021 el país rechazó de manera contundente el
intento desembozado de establecer el socialismo en Chile. Una lección al
mundo de lo que puede hacer un país que ama la libertad. Muchos
creyeron que la amenaza socialista se había conjurado y que la libertad
había triunfado. Nada más lejos de la realidad. Como aquel batracio que
se le deja en agua fría, mientras el cazo se va calentando hasta
provocarle la muerte, sin haberse percatado el pobre ser de su
desdichado destino.
Como
el socialismo es incapaz de generar riquezas en los países donde
gobierna, probado hecho histórico, recurre a quitarle a quienes generan
recursos a base de esfuerzo y tenacidad. Procede entonces a elevar los
impuestos para recaudar el dinero que en las sociedades libres se genera
por el libre comercio. Desconfía de esta realidad la ideología
socialista, que ve al emprendedor como un explotador y un avaro. Y más
encima, encubre su sesgo ideológico con la palabra “solidaridad”.
Debiera existir para ellos un Estado solidario, que es quitarle lo más
posible a quienes les ha ido bien en la vida, para dárselo a quienes la
vida no les ha tratado de mejor manera. Es evidente que un ente jurídico
como es el Estado carece por definición de un espíritu solidario. Son
los seres humanos, de carne y hueso, respecto de quienes se puede
calificar de solidario o no. Al elevar los impuestos a las empresas y a
las personas, el ciudadano pierde más su libertad, pues ya no puede
disponer de la totalidad de su dinero. Y lo peor es que cuando
forzadamente se le entrega dinero al Estado, buena parte no va a los más
pobres, sino a pagarle jugosos sueldos a los políticos y a la
burocracia estatal. De esta manera se nos está diciendo que la libertad
de empresa no es garante de progreso, sino lo sería el reparto que hace
el Estado de los recursos de otros.
De igual manera el disponer que se trabaje
menos horas por la misma remuneración, socava el libre mercado, pues
sube de manera importante los costos de las empresas al producir. Esto
significa un aumento encubierto del sueldo de los trabajadores, medida
prima facie que parece buena, pero que terminará perjudicando a esos
mismos trabajadores. Y si usted a esto le suma el aumento del sueldo
mínimo, tendrá otro incremento de las remuneraciones. Todo esto hace que
sigan subiendo los costos de las empresas y sea cada más difícil
producir y arriesgarse a instalar un emprendimiento. Otro golpe al
sistema de libre mercado.
Agréguele
la nueva ley que retipifica el acoso laboral. Siempre se había
entendido el acoso laboral como una conducta desplegada destinada a
dificultar el trabajo del empleado. Requería de un tiempo y la intención
de menoscabo. Lamentablemente ya no será así. Bastará una sola conducta
del empleador que el trabajador estime como lesiva, para tipificarse
como acoso laboral. La condena laboral por este hecho es grave y puede
hacer perder a una empresa algún contrato que tenga con el Estado. Esto
sube los costos de las empresas, pues cada conflicto por nimio que sea,
será judicializado, con el correspondiente desembolso monetario para las
empresas por procesos judiciales.
Acá
tiene tres simples ejemplos de cómo quienes no creen en la libertad,
van minando precisamente el sistema de libre mercado. Lo hacen por
ideología, por pensar que desde el Estado se les debe decir a las
personas lo que es bueno y malo; lo que deben hacer o no. Poco o nada
les importa que este país surgiera desde la pobreza hasta encumbrarse
como el país más exitoso de Latinoamérica. Todo en base a la libertad.