Soledad y tragedia

La
soledad del Presidente de la República es evidente. Los partidos
políticos que sustentaron su candidatura presidencial están envueltos en
querellas internas, disputas de poder, llegando algunos líderes
oficialistas incluso a actuar de manera similar a sus pares opositores.
No existe unidad en la actuación política, léase unidad de propósitos,
de los que se supone son la coalición gobernante. Si los propios se
desligan del que es o fuera su Gobierno, qué queda para los demás.
Ahora, cómo fue que se llegó a este estado de cosas; por qué el Gobierno
encuentra tantas veces férrea oposición incluso dentro de su propia
alianza, lo que se refleja en que proyectos de ley que envía al Congreso
Nacional ya no necesariamente cuentan con los votos de Chile Vamos.
Cómo sucedió que luego de haber ganado el presidente Piñera con una
amplia mayoría la elección presidencial, sus adherentes de a pie, los
que votaron creyendo que haría un mejor gobierno del que le antecedió,
lo hayan abandonado tan dramáticamente. Más aun, sus partidarios más
entusiastas vieron cómo el presidente Piñera les dio la espalda y
embarcó al país en un proceso constituyente obtenido a punta de piedras,
palos, destrucción y muerte, sin que haya tenido el coraje suficiente
para resistir hasta el martirio los embates revolucionarios de la
izquierda de este país. Y para mayor inri, aun su propio programa de
gobierno desechaba un cambio de Constitución.

Las
causas y explicaciones siempre son de variada índole. La pandemia ha
ido amortizando en casi todos los países a las coaliciones gobernantes.
Enfrentados a un problema global, que dice relación directa con la salud
de la población, que ha empobrecido a millones de personas, las gentes
ven en cada gobierno el responsable directo por acción o por omisión, de
las dificultades acuciantes. Poco importa si los países no estaban ni
están preparados para una avalancha de fallecidos, de enfermos, de
desocupados. Estando a la cabeza de cada país, se les apunta como los
responsables ad hóminem de todos los males que azotan en la actualidad.

Parte
decisiva de la severa crisis en curso se debe directamente a la
oposición, la que cumplió su amenaza de atrincherarse en el Congreso
ante la pérdida contundente del Poder Ejecutivo, para de ahí querer
gobernar el país a pesar de que democráticamente la ciudadanía les dijo
que no. Olfatearon que están frente a un Presidente débil a la presión
continuada, para comenzar a disparar como francotiradores. Cada proyecto
o iniciativa que presenta, la oposición lo torpedea, sabiendo de un
Presidente con escasa fuerza para resistir. A esto se le suma la nueva
hornada de políticos, todos marxistas o neomarxistas, que no tienen
problema alguno en sacudir al país de lado a lado, que millones de
personas ingresen a las filas de la cesantía, que muera gente dentro o
fuera del vientre materno, pues todo es válido para que su revolución
triunfe. Qué les importa la destrucción de empresas, si ese debe ser uno
de los costos que quieren que se pague
para
la realización de su “nueva democracia”, para la superación de lo que
ignorantemente denominan “neoliberalismo”. Todos estos revolucionarios,
bajo la mirada cómplice de los que tan solo ayer miraban con orgullo su
obra, no pasarán zozobras ante una catástrofe que se divisa, pues sus
familias son acomodadas y tienen conexiones en el extranjero para
encontrar buenos trabajos. Seremos nosotros, simples espectadores de una
tormenta que a este paso devendrá en perfecta, quienes pagaremos por
años los costos de jugar con fuego.

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