Muchas veces uno quisiera escribir sobre temas cotidianos. Que una calle de la ciudad tiene tal o cual problema; que el semáforo de alguna esquina está con defectos; que los muchos accidentes del tránsito en nuestra ciudad; etc. Sin embargo, la realidad dura y pesada de la política nacional influye de tal manera en el devenir de la sociedad, que es difícil dejar de analizar los grandes temas nacionales.
Con especial énfasis desde el estallido delincuencial o golpe de estado atípico, que la sociedad chilena no ha tenido respiro ni descanso. Habrá que recordar las veces que sea necesario, la amenaza del actual embajador chileno en Brasil y miembro del Frente Amplio, señor Depolo, de que “al país hay me meterle inestabilidad”. Y han cumplido a cabalidad lo que pretendían. Desde octubre del 2019 que el país y su clase política no se preocupa ni ocupa de los graves y evidentes problemas nacionales. Estos problemas dificultan más la vida que una calle sin pavimento. La inseguridad y la delincuencia cobran vidas de chilenos: jóvenes, niños, niñas, adultos, etc. Mientras la izquierda ocupada en meter preso al Director de la principal institución encargada de la seguridad en las calles. Y el gobierno ocupado en indultar delincuentes y pagarles una pensión de por vida. Imposible no indignarse.
La educación empeora cada día más. Ya no importa el mérito; ya no importa el esfuerzo de las familias para una mejor educación para sus hijos; ya no importa premiar el esfuerzo de alumnos con ganas de surgir. Este gobierno invisibiliza a todo alumno que destaque por sobre los demás. Debemos ir a la hemeroteca y recordar las palabras de un Ministro de Educación de Bachelet: hay que bajar de los patines a los alumnos exitosos. Para la izquierda, el esfuerzo de un alumno que termine por destacarse es algo inaceptable. Todos debemos ser iguales. Hoy se debe premiar la mediocridad, el camino con atajos y quizás, terminar como político con un sueldo millonario.
En materia económica, el 2023 el país tuvo un crecimiento nulo, lo que redunda en que somos más pobres que el 2022. Pero bueno, se suponía que todo iba a cambiar.
Sabido los problemas, faltan propuestas serias y viables de solución. El país pensó que un gobierno que reivindicara a los pobres, haría al país menos pobre. Pensó que si agitaba los pendones de la justicia social, en el país habría más justicia. Pensó que si al estado se le daba más poder, los ciudadanos estaríamos mejor. Hoy muchos se han dado cuenta que por ahí no va la solución a los problemas. También se han dado cuenta que dirigir al país es algo serio, que requiere conocimientos. Lamentablemente quienes nos dirigen no han dado el ancho para tan gran labor. Y aquí estamos, jodidos y sin novedad, como decía mi madre.
Debemos regresar a la senda de la libertad. Sólo en libertad el ser humano crece espiritual y económicamente. Sólo en libertad las sociedades florecen. Mientras más el estado intervenga en la sociedad, más dependientes se vuelven los ciudadanos de los políticos. Y entre más dependientes, más se envilecen. Por eso una economía libre como la que tuvimos desde fines de los ochenta y hasta antes de la llegada del primer gobierno de Bachelet, hizo salir de la pobreza a millones de chilenos. Muchas de esas familias hoy han regresado al desastre económico.
Si vemos la historia de Chile cien años hacia atrás, el período de mayor crecimiento económico y cultural de Chile, se dio cuando la libertad económica fue acompaña de la libertad individual. 40 años de hacernos el país más próspero de Latinoamérica ¡Viva Chile y la Libertad!