Diversos
factores incidirán en el resultado de las elecciones presidenciales,
parlamentarias y de consejeros regionales que se llevarán a cabo el
próximo mes de noviembre en nuestro país. El mes recién pasado asumió
como Presidente del Perú el señor Pedro Castillo, quien usa un
voluminoso sombrero, incluso en actos oficiales. De la mano de Castillo
ha entrado la izquierda radical a gobernar al vecino del norte, con
vínculos incluso con la guerrilla comunista de Sendero Luminoso. Quizás
sea dicho Presidente el segundo marxista en Latinoamérica después de
Salvador Allende, en alcanzar el poder de manera democrática. Por eso,
el devenir del gobierno de Castillo, tan emparentado en sus propuestas
económicas con la izquierda chilena, influirá de alguna manera en la
visión de los votantes en nuestro país a la hora de elegir a quienes, al
igual que Castillo, aborrecen el sistema “neoliberal”; quieren subir
los impuestos desincentivando la creación de empresas y puestos de
trabajo; son contrarios a la inversión extranjera; proponen una Asamblea
Constituyente, etc. Lo que suceda con dicho Gobierno de izquierda en
los próximos meses, de similares propuestas a las del Partido Comunista
chileno y de la izquierda que aglutina a su candidato Boric, será un
buen reflejo de una eventual administración del Frente Amplio y sus
asociados.
Otro
factor incidente son las distintas candidaturas presidenciales
anunciadas. Por la izquierda, la atomización endémica de ese sector
puede terminar por hundir a los candidatos Boric, Cuevas, eventualmente
Artés y otros que aparezcan, con el agregado que irá cada candidato con
su lista parlamentaria. Además, cada día hay más señales de que a los
militantes y simpatizantes comunistas no les acomoda Boric, quienes
pueden verse tentados a apoyar a Cuevas si es que finalmente logra
inscribirse, o a otro postulante que levante la llamada Lista del
Pueblo. Por la derecha, en tanto, la penosa y discriminadora decisión de
Sichel de excluir al Partido Republicano de cualquier pacto electoral
puede incidir en el resultado global de ese sector, eligiendo menos
parlamentarios de los posibles. Este hecho puede ser desastroso si la
oposición logra la suficiente mayoría en el Congreso que le permita
cambiar a su antojo las reglas por las que se rige la Convención
Constitucional, dándole más facultades, alargando el tiempo de
funcionamiento, etc.
Y
a propósito de la Convención Constitucional como factor, el país ha
podido examinar la conducta de sus miembros. Hay quienes piden aumento
de sus ingresos y asignaciones, todo a costa, como siempre, de los más
pobres de este país. Crean comisiones y toman acuerdos respecto de temas
para los cuales no fueron elegidos, distrayendo recursos públicos.
Piénsese que si una autoridad o funcionario público destina su tiempo
laboral a actividades ajenas a su trabajo, puede ser acusado a lo menos,
de ilícitos administrativos. Sin embargo, muchos o casi todos los
constituyentes de izquierda no tienen empacho en distraer tiempo en
actividades ajenas a la redacción de un proyecto de Constitución; en
tanto otros se disfrazan puerilmente.
En
el plano regional se visualizan los primeros nombres de candidatos para
los cargos en juego. Y respecto de la imagen de los partidos políticos
tradicionales, el que un partido como la UDI tenga a su presidente
querellado, podría significar un grave problema electoral para quienes
vayan de candidatos por ese partido asociado penosamente a casos de
corrupción.