Estamos en un momento
crucial, ad portas de elegir quien liderará nuestro país durante los
próximos 4 años. En pleno proceso electoral, el llamado es a recalcar la
importancia de nuestro rol ciudadano en un punto decisivo para la salud
del planeta: hoy tenemos el poder de elegir al candidato que pueda
tomar acción, en el diseño e implementación de políticas públicas que
vayan en beneficio de la biodiversidad, y por ende, de nuestro futuro.
Al
próximo presidente de Chile, debemos exigirle medidas eficaces
centradas en la protección de la naturaleza. Como señaló hace unos años
Douglas Tompkins, “a no ser que aprendamos a compartir la tierra con
todas las otras criaturas que aquí habitan, nuestros días están
contados. Necesitamos enseñarle a nuestros hijos que cada humano
necesita pagar su `arriendo´ por vivir en el planeta, y eso significa
demandar a nuestros gobiernos que la conservación de la biodiversidad
sea una prioridad”.
Hoy
más que nunca debemos exigir políticas de estado contundentes frente a
las dos grandes crisis de nuestros tiempos: la climática y la de
extinción de especies, referida a la masiva desaparición de
biodiversidad causada por la acción antrópica. Esto lo estamos viviendo
de forma rápida y continua, y diferentes estudios demuestran que durante
las últimas décadas, los seres humanos hemos alterado los ecosistemas
más veloz y profundamente que en cualquier otro período comparable de la
historia de la humanidad.
En
definitiva, instaurar la restauración ecológica o rewilding como una
política de Estado, la protección de nuestra biodiversidad, tanto en la
tierra como en el mar, aumentar las áreas de conservación efectiva,
prohibir actividades extractivas en las áreas protegidas, reforzar
nuestro compromiso a la protección del 30% del planeta para el 2030,
fortalecer la institucionalidad, gobernanza y gestión de la conservación
de la naturaleza, considerando las grandes crisis ambientales como
prioridad nacional, son aspectos fundamentales que no podemos dejar
pasar en este nuevo e histórico proceso eleccionario. Nuestra voz es una
de las herramientas más poderosas que tenemos para orientar a nuestro
país hacia un desarrollo más armónico y responsable.