Los resultados de la elección del día domingo han sido eso: una gran sorpresa.
Si
todas las energías, encuestas e influencia de los medios se alinearon
para que sea así, el resultado no pudo ser más que una sorpresa. Una
especie de “muerte anunciada”. Especialmente para los significativos
millones de personas que no optaron por los candidatos electos y que, en
el fondo de sus corazones y convicciones esperaron que fueran otros los
que pasaren a la segunda vuelta o completaran las plantillas del
Parlamento, Senado o CORE. Son los frustrados con la clase política y
con los intereses mezquinos de aquellos que con sus candidaturas
influyeron para que el voto sea tan desperdigado e intenso. Son los que
deberán ser motivados para concurrir de nuevo a votar y elegir entre las
dos primeras mayorías. Habrá que generar las conciencias para que,
frustrados y abandonados, no se queden en sus casas, motivados por las
fiestas de fin de año.
Sorpresa
porque no hubo ninguna relación entre los distintos procesos que
pudiere mostrar algún tipo de tendencia para los próximos años de vida
política en nuestro país. Por más que haya alegría en algunos sectores,
preocupa el panorama nuboso que se viene a la distancia.
Sorpresa
porque a pesar de tanto interés en la renovación de la política, salvo
algunos casos específicos y dignos, seguimos aún con rostros
representativos de sectores que han tenido una participación por años en
las distintas magistraturas. El pueblo ha reconocido sus aportes, el
grado de influencia y el lenguaje que han usado y que les permitió ser
reelectos.
Sorpresa
para aquellos que lograron obtener mayorías incuestionables, como
también para los que cantaron victoria antes del cierre y que quedaron
fuera de ellas. A pesar de la extensa nómina de candidatos, sus fuerzas
no lograron atraer a los votantes y eso les obligó a quedarse en la
banca.
Sorpresa
porque han aflorado fuerzas que, en su conjunto, han redibujado el
futuro del país, siendo el más significativo el extraño caso “Parisi”,
del que no hay que perder su horizonte a pesar de habérsele ninguneado
por su pasado, por su presente y por su futuro. Será esencial en el
resultado de la segunda vuelta, porque quienes concurrieron con sus
votos tienen un aliento que les dará cierta soberbia para decidir a
quién apoyar y dejará un altísimo grado de incertidumbre en el ambiente.
Hay
que leer con mucha atención todo lo que ha pasado porque, sin duda
alguna, habrá una influencia en la discusión de las numerosas materias
de la Asamblea Constitucional. La baraja está muy dispersa pues nadie
tiene ases bajo la manga y, a diferencia de nuestro juego tradicional
regional, mientras más serio, certero y veraz se sea en esta ocasión
mejor será el resultado a esperar.
Sorpresa
porque el voto valórico, estructural y piramidal ha sido fundamental,
pues remece las conciencias de un “Chile refundacional” dejando a todos
con el dicho de Condorito exigiendo una explicación.