Soy políticamente incorrecto

Pareciera
que en nuestro país lo políticamente correcto no es decir la verdad o
mentiras, lo relevante es ser disruptivo como Pamela Jiles para captar
la atención de la gente. Parece que lo políticamente correcto es hablar
golpeado para conseguir el aplauso de una rabiosa galería o utilizar
recursos retóricos sin importar el contenido, ya que “la gallada no
cacha nada”. Parece ser políticamente correcto usar lenguaje inclusivo
para que “todas, todos y todes” no se sientan discriminados, aunque sea
redundante y contravenga las reglas básicas de nuestro idioma, porque lo
dicta la moda progresista. Parece políticamente correcto apoyar los
retiros de los fondos previsionales, y aunque Boric sabe con certeza que
embauca el futuro de las personas, son los votos de noviembre los que
importan. Pareciera correctamente político camuflar las ideas
adecuándolas según el oyente, ya que entre tanta información, las
personas no logran distinguir la coherencia de los relatos. Pareciera
políticamente correcto decir estulticias, mientras logre generar
emociones y adhesión en la gente. Pareciera ser políticamente correcto
vestirse de autoridad moral por ser del pueblo, pero a la primera
pestañada, la Lista del Pueblo encabeza el manotazo. Es políticamente
correcto decir que “nos querellaremos contra los que resulten
responsables” o “condenamos enérgicamente los ataques incendiarios y
asesinatos en la Araucanía”, pero no se impone el Estado de Derecho. Es
políticamente correcto decir que amplias mayorías quieren una nueva
Constitución para instalar un nuevo modelo socio económico en el país,
aunque en realidad pocas personas leyeron alguna vez la Constitución y
que solo el 40% del total del electorado aprobó el proceso
constituyente. Sería políticamente correcto enarbolar banderas de
minorías intensas, tal como ocurrió esta semana en el Gobierno Regional
de Magallanes, ofertando hasta el alma para ganar sus afectos. La verdad
no importa, aunque sea cuestionable. Parece políticamente correcto
enrocar cargos de representación popular, a pesar que tuerces el
espíritu de la ley. Parece políticamente correcto exigir de las
autoridades excelencia, aunque como ciudadano ni participes de las
elecciones. La verdad es un accesorio del abanico de posibilidades, y su
uso está determinado por la conveniencia de intereses mezquinos.

Nuestro
país transita un cambio de época, está viviendo el término de un
régimen hacia uno nuevo que ni sus revolucionarios promotores saben
definir más allá de sueños desde lo alto de un árbol. Críticas al modelo
surgen sin mayor análisis (ciertas o no, es irrelevante), pero
propuestas inteligentes penan por su ausencia. En este mundo
políticamente correcto sus personajes caminan como zombis, deambulando
erráticos e hipnotizados confunden el vandalismo con dignidad, libertad
con anarquía, equidad con igualitarismo, democracia liberal con
opresión, fin de la República con reconocimiento a etnias, libertad de
expresión con control de medios.

No
hay nada más distinto a la mediocridad que ser políticamente
incorrecto. Si estás preparado y tienes una opinión basada en la
evidencia, teórica y empírica, pero tus interlocutores no son capaces
de seguir el paso, entonces eres incorrecto políticamente. Eres
políticamente incorrecto cuando buscas las mejores soluciones a los
problemas promoviendo el bien común y no el personal o sectario. Cuando
te proponen ser parte del firmamento en torno a ciertas estrellas, pero
lo rechazas porque no tranzas mínimas convicciones, entonces eres
políticamente incorrecto. Cuando piensas que a la gente no se le miente,
si no que se les debe educar… Entonces eres políticamente incorrecto.
Cuando sabes que el Gobierno Regional necesita una oposición
constructiva para impulsar el desarrollo regional, entonces me anima a
seguir siendo ese político incorrecto.

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