No
poco se ha dicho o escrito acerca del profesor, ayer, anteayer,
trasanteayer; la verdad sea dicha, siempre; con mayor o menor motivo.
Somos
tema de conversación, a veces somos parte de la solución, otras veces
somos la piedra de tope, pero en general no nos sentimos cómodos siendo
un punto de la tabla de una reunión, menos si esto además tiene
incidencia en números, o somos parte de factores. Y no es por ser
“centro de mesa”, es porque nuestra tarea es delicada, trascendente,
somos personas que contribuimos en la formación de personas. Y
efectuamos una labor que trasciende una disciplina, una materia, una
asignatura. Interactuamos con niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.
En
mis años de ejercicio profesional he aprendido mucho, he conocido
cientos, miles, decenas de miles de estudiantes y he sabido de sus
sueños, de sus esperanzas, hemos intercambiado muchas toneladas de
confianza, hemos reído, hemos llorado, nos hemos enojado también, nos
hemos acompañado mucho más allá del aula, más allá de un curso, ha sido a
través del tiempo. Nos saludamos, nos reconocemos, nos abrazamos
(antes, ahora no se puede), nos felicitamos, nos congratulamos por algún
logro nuevo (grado académico, un proyecto, casa o departamento,
cumpleaños, matrimonio, hijos, onomásticos, premios, y otros tantos
motivos de salutación). Es decir, hay extensión de la clase, del curso;
basta una clase, una hora de clases para celebrar una amistad, saber
quiénes somos, de dónde somos, que somos iguales, sentimos, queremos,
reímos, lloramos por mismos o similares motivos.
Para abreviar, dejo aquí palabras decidoras de este ser y de este hacer.
Soy profesor
Y así,
aprendiz de mis alumnos,
consejero de desalentados,
masajista del alma,
confesor de pecados veniales,
componedor de corazones rotos,
enderezador de ceños fruncidos,
pastor de ovejas descarriadas,
fotógrafo de sonrisas,
canteador y ablandador de corazones duros,
agitador de masas,
armador de alianzas,
observador de aprendizajes,
pulidor de diamantes en bruto,
maestro de ceremonias,
acicate de sueños no natos,
arreglista de desacompasados,
consueta de nuevas conductas,
animador de debates,
entrenador de infantes, jóvenes, adultos y adultos mayores,
musitador de consejos,
armonizador de gestos,
defensor de alumnos,
descubridor de talentos,
intérprete de gestos y ademanes,
acompañante de peregrinos,
alimentador de esperanzas,
corrector de tozudos,
catador de buenos sentimientos,
titiritero de ilusiones,
iluminador de caminos,
constructor de confianzas,
antagonista de desánimos,
vigía de amenazas,
limador de asperezas,…
y un cuantuay más.