Sueldo mínimo

El
lunes el presidente Gabriel Boric promulgó la Ley de Salario Mínimo. A
partir del 1 de mayo el monto del ingreso mínimo mensual será de $380
mil y desde el 1 de agosto aumentará a $400 mil. Además, se propone que,
si la inflación acumulada en 12 meses a diciembre de 2022 supera el 7%,
el ingreso mínimo mensual se incrementará a $410.000 a contar de enero
de 2023. Pese a que la inflación elevada del país provoca que el
incremento real sea más bajo que el nominal, el reajuste implica el
mayor avance en esta materia en los últimos 30 años.

En
la ceremonia el presidente Boric planteó que “no podríamos hablar de
aumentar el sueldo mínimo a 400 mil pesos si no fuera por los esfuerzos
que se hicieron anteriormente”, como un guiño a los mandatarios
precedentes y su política económica. Sin embargo, este cariño resulta
inentendible porque los partidos de la Concertación venían cuestionando
la política de reajuste salarial, la cual comúnmente era asociada al
impacto sobre el desempleo como una forma de justificar los montos
bajos. La verdad es que en los últimos 30 años solo en siete ocasiones
el sueldo mínimo ha superado el 5% de reajuste real y hasta hoy los
reajustes del sueldo mínimo mantienen a una familia de tres integrantes
bajo la línea de la pobreza; es decir, sin lograr cubrir sus gastos
básicos.

De
acuerdo con la Fundación Sol, el 50% de los trabajadores chilenos gana
menos de $401.000 y dos de cada tres trabajadores, menos de $550.000
líquidos. Solo el 20,4% de los trabajadores ganan más de $850.000
líquidos. Como decía el obispo Goic hace 15 años, “hay pocos que ganan
mucho y muchos que ganan poco”. Es decir, no debemos olvidarnos que hay
muchos compatriotas que ganan un salario que no les permite satisfacer
las necesidades de su familia. El costo de la vida, sin embargo, se ha
incrementado significativamente en las últimas décadas, lo cual el año
2007 llevó al obispo Goic a acuñar el concepto de salario ético,
refiriéndose al monto mínimo para que una familia viviese con dignidad.
Años después la presidenta Bachelet en su segundo mandato intentó
acercarse a los montos éticos propuestos el 2007, pero los valores ya
tenían casi una década de desfase.

En
los últimos 20 años los beneficios (distracciones paliativas) de un
Estado subsidiario y los bonos de distinto tipo han dejado en segundo
plano la discusión del salario ético o suficiente. Mantener la
macroeconomía ha sido la premisa por la cual hemos llevado a las
familias del país a conformarse con ganar poco a costa de cuidar el
empleo, lo cual ha derivado en mayores horas de trabajo por familias y
la administración de pobreza. Hace más de una década que no somos
capaces de disminuir la pobreza y la pandemia ha hecho que la economía
de los hogares se vea drásticamente afectada. Mientras más integrantes
tenga una familia, menos efectiva es la actual política de empleo mínimo
en proporcionar bienestar y ayudar a superar la pobreza.

No
nos olvidemos que el salario mínimo es solo el mínimo y que aún anda
muy lejos del sueldo ético, y lamentablemente esto seguirá siendo la
regla, porque el problema real sigue siendo que los sueldos en Chile son
muy bajos. El proceso de discusión y la voluntad expresada por todos
los involucrados en el actual reajuste va en el camino correcto, pero no
hay que olvidarse que es insuficiente y que aún está muy por debajo de
cubrir las necesidades básicas de una familia. El desafío es construir
una sociedad más justa y equitativa, en donde la población en su
conjunto y los trabajadores y trabajadoras puedan participar del
crecimiento y desarrollo económico de Chile, con dignidad y una
compensación justa por su esfuerzo.

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