La
vida está hecha de imprevistos de diversa índole. La muerte camina a
nuestro lado y la vida un es milagro del universo. O de Dios, para los
creyentes. Esta semana fue marcada por el fallecimiento del ex
Presidente Sebastián Piñera.
Su
deceso ha causado gran conmoción en el país. Las muestras de aprecio y
buenos recuerdos comienzan a abundar. Ya los últimos meses la valoración
de su gestión presidencial, comenzaban a tener tintes positivos. Su
talante conciliador; su perfil realizador y eficaz; sus convicciones
democráticas calaron en la sociedad. De haber sido denostado con dureza y
muchas veces, con bajeza por la entonces oposición a su gobierno, hoy
su figura y sus dos administraciones comienzan a valorarse
positivamente.
No
obstante, el recuerdo de ciertas expresiones usadas por sus opositores,
debemos tenerlas presente. Una de ellas es que dicho gobierno había
sido el peor de la historia. Este relato que la izquierda intentó
instalar ya ha caído por su propio peso. El manejo de la pandemia,
ejemplar en el mundo, es sólo un botón que palmariamente deja en
evidencia la falsedad de aquella afirmación.
El
estallido que con propiedad el ex Presidente (q.e.p.d.), acuñó como
golpe de estado atípico, fue una dura prueba que tuvo que soportar tanto
en su cargo como en lo personal. La izquierda radical, que en gran
parte hoy gobierna el país, intentó derrocarle. Hizo lo posible para que
primer mandatario no terminara su período constitucional. Fue incluso
acusado constitucionalmente dos veces para ello. La insurrección de
octubre del 2019 se contuvo con diálogo y el ex Presidente mantuvo una
actitud firme al respecto ¿habrá sido el peor gobierno de la historia?
La
generación que nos gobierna hoy se autodenomina como moralmente
superior a quienes les antecedieron. La masiva muestras de cariño hacia
el ex mandatario fallecido; el pesar que la sociedad ha demostrado en
estas amargas horas; el buen recuerdo que han dejado sus dos gobiernos
son un mentís rotundo a esa arrogante autocalificación.
Generar
un millón de puestos de trabajo. Rescatar a treinta y tres mineros en
una operación que parecía imposible. Reconstruir zonas enteras
devastadas por uno de los terremotos más importantes de la historia
mundial. Hacer frente con singular éxito a la pandemia, no sólo por la
masiva vacunación sino también por las ayudas económicas
a quienes más lo necesitaron. Impedir su derrocamiento en su segunda
administración. La implementación de los liceos bicentenarios. La
creación de la Pensión Garantizada Universal. Y en fin, muchas más
obras, dan cuenta que cuando un país crece y se desarrolla de la manera
que lo hizo bajo su gobierno, el calificativo de los otros de ser
moralmente superiores, es patético y raya en el narcisismo.
¿Cuándo
se es moralmente superior en política? La moral dice relación con la
consideración del bien y del mal en el actuar humano. Cuando se crea un
millón de empleos. Cuando se reconstruye y se le da vivienda a cientos
de personas que las perdieron producto de un gran terremoto. Cuando se
impide la muerte de millones de personas en la pandemia. Cuando se saca
de la pobreza a la población producto del crecimiento económico. Cuando
en política se actúa favoreciendo a las personas, como lo hizo Sebastián
Piñera, es que se ha actuado moralmente de manera correcta. San Juan
Pablo II en su visita al país nos dijo “los pobres no pueden esperar”.
Esto es lo moralmente correcto. Y en este caso la comparación con el
actual gobierno no es odiosa, sino necesaria. Analice y reflexione, estimado lector.