No es nueva la distancia que hay entre el Presidente Sebastián Piñera y la Región de Magallanes … Y viceversa.
Al
parecer hay algo que lo nubla, que no lo deja ver lo prístino de la
Patagonia y que le hace cometer errores políticos imperdonables.
Por
segundo mandato presidencial escasea una clara conducción de la región
más austral del país. A los nombres de Liliana Kusanovic, Arturo
Storaker Molina, Mauricio Peña y Lillo Correa y Claudio Radonich
Jiménez, ahora deben agregarse los de Christian Matheson Villán y María
Teresa Castañón Silva.
Hasta
este domingo 17 de febrero de 2019, Piñera suma 1.804 días de mandato
en Magallanes (incluidos los dos periodos 2010-2014 y desde 11 de marzo
de 2018 hasta hoy). Si usted divide esa cifra por siete personas le da
un promedio de 257 días por intendente. Es decir, cada máxima autoridad
regional que ha sido nombrada por el Jefe de Estado no dura más de ocho
meses en el cargo.
Eso es: VERGONZOSO. ¿Qué continuidad va a tener una región que carece de un liderazgo consolidado? NINGUNA.
Amable
lector, para que usted sepa. Magallanes pasa a la historia como la
región en la cual ha habido más cambios de intendentes desde 1990 a la
fecha.
Hace
un año, cuando estaba por asumir Piñera todos en Chile Vamos, incluido
él mismo aseguraban que la lección se había aprendido. Que el conflicto
del gas debía quedar en el pasado y que las heridas con Magallanes definitivamente habían cicatrizado.
CAFÉ CON LA VOCERA
Nadie de los antes mencionados ha terminado de buena forma su mandato.
Lo
de Matheson raya en lo anecdótico e inexplicable. Porque pocos saben
que a la misma hora en que el arquitecto defendía proyectos en el
Palacio de La Moneda -el viernes 6 de julio de 2018- la vocera de
Gobierno, Cecilia Pérez, se juntaba en un café del Mall Costanera Center
(en Providencia, Santiago) con María Teresa Castañón para concretar su
llegada a la Intendencia de Magallanes en reemplazo de Matheson.
Así se actuó a espaldas del primer intendente nombrado por el propio Piñera en su segundo mandato en Magallanes.
Todos
los desaciertos demuestran que la derecha magallánica carece de un
liderazgo y conducción apropiada. Hay muchos egos y rivalidades que
provocan los disparos a los pies entre los propios socios de coalición.
La
forma en cómo salió Matheson y en cómo asumió Castañón fueron
impresentables. Y eso le jugó en contra desde el primer día a la
asistente social en su rol de máxima autoridad regional.
En
el entorno de Piñera no hay una claridad de lo que se debe hacer en
nuestra región. En las designaciones de las autoridades se ha notado una
debilidad política, se ha nombrado a personas carentes de experiencia
en el mando y con una nula capacidad de defensa ante arteros ataques.
Además,
desde el mismo Palacio de La Moneda han reconocido que ante la escasez
de nombres a nivel local se llegó a pensar en instalar a un “afuerino”
en un alto cargo, pero que también se ha sopesado que ello provocaría
una estampida de agresiones al Gobierno central por no privilegiar lo
regional.
A
Castañón la torpedearon desde el primer minuto y fueron sus propios
socios de Chile Vamos. Le enrostraron incapacidad política y
administrativa para ejercer el mando, y la hicieron vivir un verdadero
calvario en los últimos tres meses.
La
exintendenta debió soportar ataques de baja calaña a través de las
redes sociales o rumores generalizados de lo que verdaderamente estaba
pasando al interior de “La Moneda chica”.
Hace
poco más de un mes fue el propio Claudio Radonich quien le quitó
totalmente el piso al declarar en el Programa Barómetro de Pingüino TV
que prefería el mandato de Matheson que el de la ex presidenta regional
de Renovación Nacional.
Ahí se equivoca Piñera, quien desde Santiago no es capaz de ordenar las filas en la zona más austral del país.
Por
eso muchas veces nadie quiere ejercer un cargo de confianza del
Gobierno de Piñera en Magallanes. Terminan crucificados y por eso hay
una “generación perdida”. Una generación de profesionales jóvenes
magallánicos de entre 40 y 55 años que prefieren seguir laborando en el
sector privado antes de andar exponiéndose a empujones, zancadillas y
codazos arteros.
Y
lo sufrió el propio Nicolás Cogler, que cumplió en su labor como
gobernador, pero que no tuvo a nadie a su alrededor que fuera capaz de
respaldarlo y terminó siendo una moneda de cambio.
INTENDENTES JUDICIALIZADOS
Ser
intendente de Piñera en Magallanes es de alto riesgo. Liliana Kusanovic
que estuvo desde el 11 de marzo de 2010 al 25 de abril de 2011 salió
abruptamente tras el conflicto del gas (incluidas declaraciones del ministro de Energía, Ricardo Raineri, diciendo que “se nos terminó la fiesta”).
Arturo
Storaker Molina (del 25 de abril de 2011 al 9 de agosto de 2012)
terminó en tribunales, ya que no se supo controlar la emergencia por el
desborde del Río de Las Minas (13 de marzo de 2012) y el denominado Caso
Rayen, por el que finalmente fue absuelto, lo hizo desgastarse judicialmente sin ninguna defensa del entorno de Piñera.
Después,
Mauricio Peña y Lillo (desde el 27 de agosto de 2012 al 10 de
septiembre de 2013) también generó una dificultad para el Gobierno
Regional con el conflicto de Zona Franca.
La
Cámara Franca le presentó una querella criminal por “consentir
defraudación al Fisco”, con respecto de supuestos incumplimientos de las
cláusulas del contrato de concesión de ZF por parte de la empresa
administradora y concesionaria de la franquicia, la Sociedad de Rentas Inmobiliarias Limitada (SRI). También terminó herido.
CAMBIO DE TIMÓN
Las
dos últimas designaciones (Fernández de intendente y Homero Villegas de
gobernador) implican un cambio de timón en Magallanes.
Se
redirecciona el manejo político que sigue en poder de RN, pero con otra
mirada, una más clásica y que no va de la mano del alcalde de Punta
Arenas.
Ojalá
que esta apuesta le dé resultado a Piñera, porque todos quienes
habitamos en Magallanes estamos aburridos de que siga tropezando con la
misma piedra.