El
año que recién pasó puede ser considerado el más duro y difícil para la
Universidad de Magallanes (UMAG), marcado por las movilizaciones
estudiantiles, cuestionamientos en contrataciones vinculadas a la ex
Nueva Mayoría y para rematar el último semestre, los trabajadores a honorarios decidieron revelarse tras el no pago de sus remuneraciones.
Seguramente
uno de los deseos para este nuevo año que acaba de comenzar y que se
tiene que haber escuchado en la Rectoría de la única universidad pública
del país en la región tendría que ver con pasar un mejor semestre, más
tranquilo y lejos de los escándalos.
Las
cosas cambiaron de la noche a la mañana en el campus norte de la UMAG.
De ser la institución “regalona” del Gobierno Regional de la mano del
exintendente Jorge Flies, con todos los beneficios asociados, la casa de
estudios pasó a estar en el centro de las críticas, no solo de las
nuevas autoridades, sino también de la propia ciudadanía local.
Los
millonarios proyectos aprobados asociados a la entidad académica como
el Centro Asistencial Docente y de Investigación (CADI UMAG), Centro
Subantártico
Cabo de Hornos en Puerto Williams, cogestión del Centro Antártico
Internacional (CAI), aprobación de un Centro de Convenciones, apoyo a
un Centro de Teledetección, por mencionar algunos, eran las joyitas y el
orgullo del rector Juan Oyarzo y su equipo, lo cierto es que de un
momento a otro, esas mismas obras se transformaron en blanco de
objeción.
Falta
de un modelo claro de gestión y proyección, y poca vinculación con la
comunidad, sumado al desconocimiento en detalle de las construcciones,
terminaron por jugarle en contra a la universidad.
Primero
fue el exintendente Christian Matheson el que dejó en más de una
oportunidad plantado al rector Oyarzo y su team suspendiendo varios
encuentros agendados en el edificio frente a la Plaza de Armas, a lo que
se sumaron otras más que estaban destinadas a conocer en terreno los
avances del CADI.
El
único encuentro entre Matheson y Juan Oyarzo se concretó con motivo del
inicio de la toma de la universidad por parte de grupos feministas.
La cita fue en la Intendencia y pareció más un tirón de orejas por parte del intendente de la época que un diálogo ameno.
Desde
el Gobierno Regional estaban molestos por la forma en que las
autoridades universitarias estaban encarando los reclamos estudiantiles.
Razones no les faltaban. El paro y toma de la UMAG terminó
extendiéndose por más de dos meses, donde miles de estudiantes vieron
interrumpidas sus clases.
Las cosas no mejorarían con la llegada de la intendenta María Teresa Castañon.
Con
el arribo de la nueva autoridad regional, en la UMAG se abrió una
ventana de esperanza que les ayudaría a seguir adelante con sus
pretensiones en infraestructura y la obtención de nuevos recursos, sin
embargo, la agenda oficial seguiría ocupada para la universidad
regional.
La
intendenta Castañón siguió manteniendo a distancia a los representantes
universitarios, mientras las cosas se ponían de mal en peor para Oyarzo
que salía golpeado del reclamo feminista.
Denuncias
por acoso al interior del plantel universitario, falta de respuestas
claras a las estudiantes movilizadas, y teléfono apagado para
autoridades regionales que ofrecieron todo su apoyo para mediar ante el
complejo escenario, pusieron a la rectoría de la universidad estatal
nuevamente en crisis.
El paro terminó después de dos meses, pero los problemas no acabarían ahí para el ingeniero Oyarzo.
Pago de favores
Si
durante la administración de Michelle Bachelet el ex conglomerado
político oficialista marcó una fuerte presencia en la universidad
magallánica. Al terminar el segundo mandato de la desaparecida Nueva
Mayoría, la hegemonía partidista no solo no terminó sino al parecer se
incrementó.
Los
apellidos de exsecretarios ministeriales comenzaron a verse más seguido
en las fotos universitarias. La opinión pública empezó a ver no con
buenos ojos esta suerte de bolsa de empleos que se abrió a partir del 11
de marzo de 2018.
La
situación no cayó nada bien en la nueva administración del GORE. Por un
lado, se insistía en agendar reuniones y establecer una buena relación
con las nuevas autoridades, pero por otro, seguían apareciendo conocidos
nombres de la otrora NM entre el listado de contrataciones.
Como un pago de favores, por más que se negara, así fue asumido el arribo masivo de exseremis a la UMAG.
Sin sueldos
Cuando
parecía que un año tormentoso podía terminar algo más tranquilo en las
oficinas de la sede central de la universidad pública, casi 700
trabajadores a honorarios de la institución educativa decidieron
paralizar sus funciones durante una semana como una forma de manifestar
su enojo, y no era para menos, tras enterarse a través de un correo electrónico que, sus remuneraciones no serían canceladas hasta nuevo aviso.
Los honorarios en la UMAG representan más del 60 por ciento de la plantilla total de trabajadores.
El
vicerrector José Maripani fue el encargado de enfrentar el malestar de
los “prestadores de servicios” (así se refería el mail difundido entre
los empleados) con respuestas algo confusas sin dejar en claro el motivo
del no pago. Luego de una semana, el traspié fue superado poco antes de
finalizar 2018 lo que terminó por dejar un nuevo gusto amargo en la
libreta de calificaciones de la universidad que terminó un año con
promedio rojo, al debe con la región, sus estudiantes y sus propios
funcionarios.