Surrealismo, civismo y pandemia

Recientemente,
el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile expuso que “el civismo de los
chilenos se expresa de manera objetiva, como lo señala la experiencia,
cuando las tragedias y las conmociones de la naturaleza asolan no solo a
las geografías, sino a las comunidades que constituyen, a través del
territorio, la mayor riqueza que ella contiene. Las páginas históricas
de diarios y sitios de internet que muestran la solidaridad, el espíritu
colaborativo, la conciencia social frente al que sufre, la capacidad de
trabajar por el bien común, adornan lo mejor de la identidad chilena y
el carácter de sus gentes. Sin embargo, parece que algo se ha estado
perdiendo de ese honroso civismo, y lo que tiende a prevalecer es un
eruptivo egoísmo y la sombra oscura del fanatismo. Estamos frente a una
de las peores crisis que afronta la civilización humana, en las
presentes generaciones. Para los chilenos, ni los grandes terremotos de
1939, 1960 y 2010, presentan el nivel de amenaza que puede alcanzar la
actual pandemia”. Mencionamos además la pandemia que azotó Chile en
1957, con su secuela de 20 mil muertos, con cientos de ejemplos
olvidados de sacrificio humano.

Agrega
Sebastián Jans que ”La actual amenaza tiene un componente de
oportunidad. Muchas de las víctimas de aquellos sucesos previos fueron a
causa de la ignorancia y por falta de adecuada información. Ahora se
tiene la información y vemos como crece la marea de contagio de manera
exponencial. En esta amenaza no habrá que lamentar las pérdidas en
infraestructura, sino el alcance de las pérdidas humanas, y la
proyección de lo que acontece en Europa indica que la letalidad en
nuestro país superará las cifras que tuvieron individualmente los
grandes sismos”. Una respuesta a la actual crisis es enfrentarla “con
actitud cívica, y no a través del capricho, del cuestionamiento
desinformado, de la avaricia audaz, del egoísmo exacerbado, o del
individualismo estéril.” Las actitudes cívicas son aquellos
comportamientos cotidianos que tomamos frente a otros ciudadanos/as,
orientados al logro de una mejor convivencia en la sociedad. En
definitiva, no se trata sino de estar frente al otro en actitud
simplemente fraterna, en un estilo que H. Maturana definía como “vida
matrística”, es decir, en un atrevernos a ser nosotros mismos, no
aparentar, ser responsables de nuestro vivir sin pedirle al otro que dé
sentido a nuestro existir. Cuestiones que al ser tan profundamente
honestas son catalogadas de ingenuas y suelen ser atacadas y amenazadas
desde el egoísmo y el fanatismo. Sin embargo, no se pueden compraren
ninguna oferta ya que no se fabrican con ningún elemento que no sea
nuestra condición humana, en particular del elemento que define de
manera exclusiva la dignidad humanista: la Conciencia. Tal actitud
frente a la vida requiere salir de este pozo surrealista que nos ha
llevado literalmente a expresar nuestras personales y simples emociones
utilizando imágenes o buscando hacer trascender nuestra también pequeña
realidad por medio de un imaginario irracional que empuja a lograr todo
lo que es efímero, neutro e instantáneo. La pandemia es real y debemos
aumentar nuestro compromiso con la vida y lo que le rodea.

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