“No
existe almuerzo gratis”, es la traducción al español de la expresión
inglesa “There ain’t no such thing as a free lunch”, cuya sigla en
inglés sirve de título a esta columna.
Se
trata de una frase recurrentemente usada por economistas (de hecho, es
el título de uno de los libros del influyente Milton Friedman) y en el
ámbito de las políticas públicas, que transmite la idea de que nada en
la vida es verdaderamente gratuito. Incluso aquellas cosas que, a
primera vista, parecieran ser gratis, en realidad rara vez lo son. Esto
aplica, por de pronto, a los almuerzos que se entregan en forma gratuita
por la Junji (financiado con recursos públicos) y al diario electrónico
El Pingüino (que debe incurrir en múltiples costos para funcionar y
mantenerse como parte de la principal líder en telecomunicaciones de la
Patagonia).
Me
pregunto si la expresión le resultará conocida a la consejera
constitucional Jessica Bengoa, que en su columna de ayer critica el
concepto de “libertad de elegir”, presente en varias de las
disposiciones que, esta semana, fueron aprobadas por el pleno del
Consejo Constitucional (incluyendo libertad de elegir en sistemas de
salud y pensiones, donde, además, se aprobó su inexpropiabilidad). Como
de costumbre, el texto incluye una crítica general a “la derecha” (a la
cual le atribuye “deshonestidad intelectual”) y cuenta con un título
provocador (“Pagar la Libertad”) acorde con su párrafo final, donde dice
que “la libertad no se debería comprar, deberíamos poder ejercerla y
vivirla en cada ámbito de nuestras vidas”.
Siendo
evidente que la libertad no se compra y que se trata de un concepto
complejo que no se puede abordar en una columna semanal, quisiera
refutar a Jessica en dos cuestiones importantes:
1.
A propósito de la libertad de elegir en materia de salud y de pensiones
(que es lo que se votó esta semana), quisiera aclarar, primero, que
ninguno de esos sistemas funciona -ni jamás ha funcionado- en forma
gratuita (por el contrario, son sistemas muy costosos a los cuales los
países destinan gran cantidad de recursos). Adicionalmente, la libertad
de elegir, en estos casos, no implica, necesariamente, incurrir en
mayores costos, sino que simplemente decidir (A) si mi cobertura de
salud (cuyo costo base es el 7% del sueldo imponible) se destinará a un
sistema público (Fonasa) o uno privado (Isapres); y (B) quién
administrará los ahorros para mi jubilación (cuyo costo base corresponde
al 10% del sueldo imponible).
2.
No es correcto afirmar que solo “la derecha” cree y quiere estas
libertades. Nuestros sistemas de salud, educación y pensiones llevan
varias décadas de funcionamiento y su presente se debe a gobiernos de
distintos colores políticos, donde destaca la centro-izquierda
democrática de la Concertación, que fue capaz de entender el fracaso de
los sistemas estatales y la importancia que tiene la iniciativa privada
en la provisión de bienes públicos. Por lo demás, a nuestra
representante le haría bien familiarizarse con las múltiples encuestas
que, una y otra vez, demuestran la enorme importancia que una enorme
mayoría de chilenos -que va más allá de la derecha- le asignamos a estas
libertades.