La
Política Nacional de Defensa Argentina 2021 que aspira al “control
compartido” de “espacios” geográficos chilenos (del Estrecho de
Magallanes al sur), ha puesto de manifiesto que, para nuestros vecinos,
el epicentro de las futuras operaciones en el Mar Austral y la Antártica
está en el Canal Beagle.
A
la vez, noticias desde Port Stanley indican que el gobierno isleño está
próximo a implementar un millonario plan de inversiones para
posicionarse como actor principal en esta región del planeta.
Se
trata de una realidad geopolítica que en Chile recién se visualiza.
Hasta ahora, ni nuestra Política Exterior, ni nuestras políticas de
desarrollo han reparado que la transición hacia el Canal Beagle se
inició hace casi 40 años, cuando, para suplir su derrota en la guerra de
1982 y la supuesta “pérdida de las islas del canal Beagle” (el grupo
Picton, Nueva y Lennox con su proyección geográfica y legal hacia el
cabo de Hornos y la Antártica), Argentina inició la “refundación” de
Ushuaia (en origen un enclave de misioneros ingleses). Si en 1984 (el
año de la firma del Tratado de Paz y Amistad) ese puerto sobre el Canal
Beagle tenía circa 18 mil habitantes, hoy cuenta con más de 86 mil.
Este
crecimiento demográfico resulta de una inversión estatal y -también-
privada que ha creado una oferta moderna de servicios aprovechando que,
respecto de la Antártica, Ushuaia está a un día y medio de navegación
más cerca que Punta Arenas. Ambos factores explican por qué Ushuaia
controla un porcentaje fundamental del turismo marítimo polar. A
contrario sensu, la ausencia de interés y comprensión chilena de
fenómenos geoestratégicos de larga duración, explican por qué Puerto
Williams (establecido en hacia 1950 como contrapeso geopolítico) aun no
supera las 3 mil almas. Sin el aporte de la Armada Nacional, esa ciudad
no sería más que un poblado equivalente a Puerto Edén (otro enclave
geopolítico olvidado por el Estado).
La
Política Nacional de Defensa Argentina 2021 motivó una aclaración
diplomática chilena. No obstante que oportuna y necesaria, esta volvió a
privilegiar una interpretación legal de fenómenos que son políticos. A
la diplomacia chilena sigue costando distinguir entre “el ser” y
el “deber ser”. Ninguna nota de la Cancillería modificará un tablero en
el que Argentina lleva la ventaja. Esto ha sido facilitado por el apoyo
chileno que, con una fuerte inversión del MOP ha, entre otros,
pavimentado cientos kms para que, vía el Estrecho de Magallanes,
expeditamente se conecten Río Gallegos, Río Grande y Ushuaia. Así,
mientras Porvenir apenas sobrepasa los 4.700 pobladores, con el apoyo de
los contribuyentes chilenos Río Grande sobrepasa los 100 mil. Mientras
lo anterior equivale a la conclusión chilena de la “panamericana
argentina”, el MOP aun no termina el camino que debe unir el Estrecho
con el Canal Beagle (Yendegaia).
Pese
a los estímulos disponibles en leyes y programas de excepción para la
Zonas Extremas, a menos que esté disponible un subsidio directo, más
allá de un regionalismo declarativo, el sector privado magallánico no
considera que nuestros territorios “al sur del Canal Beagle” ameriten
inversión. “Obras son amores, y no buenas razones”.
El
Estado central tampoco visualiza a este riquísimo territorio como
prioridad (padrón electoral mínimo). La lucha que por años Puerto
Williams ha dado para modernizar su terminal aéreo y su muelle (¡para
conectarse con el resto de Chile!) revela que en Santiago las cuestiones
geoestratégicas simplemente no hacen click.
Es hora de soluciones innovadoras y concretas. Tenemos derecho a esperar que el Gobierno Regional elabore un plan de inversiones
privadas, nacionales y extranjeras, para poner en valor los territorios
al sur del Estrecho de Magallanes. De lo contrario, esta región de
Chile seguirá expuesta a la postergación y los apetitos que ilustran la
Política Nacional de Defensa Argentina 2021 y el del proyecto polar
chino en Ushuaia.