Tendencias y decisiones

El
21 de noviembre todo parece indicar que las chilenas y chilenos
tendremos que escoger en Gabriel Boric o José Antonio Kast. Desde el mes
de septiembre a la fecha ambas candidaturas se han mantenido en una
posición de liderazgo, por sobre el resto de sus contendores, variando
la posición de cada uno según la encuesta de turno. Lo cierto es que
ambos han logrado establecer diferencias que van más allá de lo marginal
frente sus rivales.

Tanto
Boric como Kast son el reflejo de lo que es el país en la actualidad.
Una sociedad polarizada donde mientras un sector político (Boric) apunta
a “meterle más inestabilidad a Chile” hay otro (Kast) que aboga por el
orden, la seguridad y gobernabilidad. Ambos, por cierto, tienen pros y
contras en sus respectivos programas, ideas y planteamientos. En el
fondo, difieren ostensiblemente de la idea de nación, país y sociedad
que quieren construir para los años venideros.

Sin
embargo es quizás la candidatura de Boric, del pacto Apruebo Dignidad,
la que más incertezas genera toda vez que más allá de la debacle
numérica (que no es menor) y ausencia de gestión (debido a la
inexperiencia profesional – laboral) la presencia del Partido Comunista y
de sectores de izquierda radicales atemorizan el devenir de un país que
ha visto la fuga de capitales de inversión a países más estables, alzas
constantes en el precio del dólar y ausencia de inversión ante la
incerteza de que un modelo de izquierda, que ya hemos visto implementado
y sus respectivas consecuencias, similar al de Argentina, Perú, Cuba o
Venezuela lleguen al poder y cuyo denominador común no es otro que la
inestabilidad, la violencia y la falta de libertades (incluyendo la
informativa, de la libertad de expresión).

En
contraposición el proyecto político de José Antonio Kast apunta a
reestablecer el orden social, recuperar la estabilidad, apalancar la
economía y retomar la senda del país en materia de desarrollo y
progreso. No obstante, y respondiendo al sector político que representa,
los denominados temas “valóricos” serían su gran talón de Aquiles y que
podrían, eventualmente, ahuyentar a los votantes de Sichel, Parisi y
Provoste.

Lo
interesante de todo esto, más allá de los candidatos que muy
probablemente estarán en segunda vuelta, es que el votante moderado, el
de centro, quedará nuevamente en la más absoluta orfandad. Y en esto la
responsabilidad no recae necesariamente en la senadora Yasna Provoste,
toda vez que es sabido ella es mucho más cercana a la izquierda que al
centro político. La responsabilidad real la tiene la candidatura de
Sebastián Sichel quien, a punta de errores no forzados y totalmente
innecesarios, pareciera que se terminó por farrearse una elección más
que favorable para él y quienes representa. Porque si hubo una opción
presidencial con todo por ganar, y poco que perder, precisamente fue la
de él. Pero las malas decisiones, la carencia de humildad, la falta de
un diseño estratégico, un trabajo territorial coordinado, la ausencia de
relato e incapacidad de escuchar a las personas le han pasado la cuenta
ante lo que pareciera ser un personalismo innecesario de un candidato
cuyo foco son las personas y, precisamente, el centro político.

Y
si bien Boric y Kast tienen la primera opción de enfrentarse en el
balotaje lo cierto es que aún el escenario sigue estando abierto. Y el
hecho de que ya no hayan mas encuestas públicas, respecto a las
preferencias presidenciales, acrecienta aún más la ansiedad e incertezas
de lo que ocurrirá el próximo 21 de noviembre en la que, por cierto, es
la elección más importante desde el retorno a la democracia.

 

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