Un
nuevo capítulo se escribió el jueves en la Comisión Mixta de la Cámara
de Diputados respecto de la reforma que se quiere instaurar y que
permite levantar las inhabilidades para que las autoridades puedan competir en otro cargo de representación popular.
En pocas palabras: ¡Impresentable!
Pero
bueno, es otra lección más que nos dan nuestros queridos honorables,
ahora con la venia del Gobierno, que como premio de consuelo quiere
instalar en otros cargos a políticos que llevan décadas viviendo de la
“función pública” y que partieron con humildes negocios familiares y hoy
son millonarios.
De
prosperar la iniciativa, tanto los futuros gobernadores regionales como
consejeros regionales (cores), alcaldes y concejales podrán ser
candidatos en una elección primaria o definitiva de diputado o senador, y
solo cesarán en su cargo una vez que inscriban su candidatura en el
registro del Servicio Electoral (Servel), es decir, 90 días antes de los
comicios.
Lo
mismo, aunque con algunos reparos se aceptó para diputados y senadores,
quienes podrán competir por un cupo de gobernador regional, de
alcaldes, cores o concejales y para ello, también dejarán sus actuales cargos una vez sea inscrita su candidatura por el Servel.
Para
lo que no hubo apoyo fue para levantar las inhabilidades a las
autoridades designadas. En palabras simples, por ejemplo, ministros,
subsecretarios e intendentes mantendrán la restricción actual: si
quieren competir en una elección deberán renunciar un año antes. En el
caso de querer participar de las próximas parlamentarias deberán dejar
sus cargos en noviembre de este año.
Con
este término a las inhabilidades se pretende dejar libre tránsito para
que alcaldes que no podrán ser reelectos se postulen al Congreso y
parlamentarios que ya (y hace rato) cumplieron un ciclo puedan
instalarse como gobernadores regionales o alcaldes, queriendo de esa
forma perpetuar sus añejos caudillismos.
Para
muchos es una burla más de aquellos que quieren aferrarse al poder y es
un signo más del desprestigio de la política, esa “vieja política” de
puertas cerradas y que terminó por aburrir a gran parte del país, porque
son los propios protagonistas de esto quienes se niegan a abandonar una
actividad lucrativa y un negocio redondo.
Así
es como poco más de un año antes de las grandes elecciones de noviembre
de 2021 comienza a tejerse un traje a la medida de muchos, que deja
casi en el olvido el gran logro de poner fin a la reelección y que
terminaba con muchos políticos añosos que llevan más de una década
usufructuando de grandes sueldos y que pretenden seguir haciéndolo por
varias décadas más.
¿Qué
viene ahora? La propuesta volverá a la sala de ambas cámaras, donde
deberá conseguir al menos 3/5 de los votos. El debate se anticipa
intenso, en especial, por el caso de los actuales parlamentarios que
están limitados de ir a una nueva reelección, pero que eventualmente
pueden convertirse en candidatos para un sillón municipal o de
gobernador regional. En ese caso hay varios que ya han alzado sus voces
casi pidiendo clemencia, porque se auto atribuyen ser grandes gestores
en la función pública y que se deben a sus grandes electores.
Los
principales impulsores son aquellos malos perdedores del límite a la
reelección, que pretendían seguir siendo reelectos eternamente e
instalando caudillismo en diversas zonas del país.
Este
nuevo “traje a la medida” busca cambiar las reglas a pocas semanas de
comenzar los distintos procesos electorales históricos para Chile,
buscando aprobar normas de conveniencia para unos pocos y dándole
nuevamente un portazo en la cara a la ciudadanía que hace Casi un año,
con el estallido social, pidió urgentemente una oxigenación en la
política chilena.