Hace
algún tiempo hubo que tomar una decisión: volver a la ciudad y país que
tan bien nos había acogido y buscar allí un nuevo trabajo que
permitiese una vida tranquila, con la seguridad que de una buena
remuneración y un contrato indefinido, o quedarnos en nuestra tierra
para emprender alguna actividad nueva, en forma independiente y sin las
ataduras de ser empleado y representante de intereses ajenos.
Seis
años más tarde, esta semana celebramos un nuevo cumpleaños de un
emprendimiento que nació de la idea de tener un refugio que cobijase a
quienes compartíamos la afición por las motos (de ahí su nombre “La
Guarida”) y que, de a poco, a pesar de los tropiezos y sobresaltos de
todo emprendimiento nuevo, ha logrado consolidarse. Ello ha sido posible
gracias al apoyo de quienes comparten no sólo la pasión por las dos
ruedas y sentir la libertad del viento en la cara sino, tal como tan
bien lo recordó Jano el día del aniversario, la convicción de que “la
vida no debiese ser un camino hacia la tumba con la intención de llegar a
ella sin contratiempos en un hermoso y bien mantenido cuerpo, sino más
bien llegar derrapando en medio de una nube de humo, con un cuerpo usado
y desgastado pero gritando: ‘¡a la mierda, qué viaje!’”, citando a
Hunter S. Thompson.
Porque
a fin de cuentas, lo importante no es el viaje ni el destino, sino el
camino: poder sentir que aprovechamos nuestro tiempo y las cosas bellas –
y simples -de la vida: la amistad, la familia, el crecimiento de los
hijos, etc… …o el viento en la cara. Eso es lo que celebramos.
Y
es que, en efecto, el camino recorrido también le ha dado la razón a
Thompson, cuando escribió “la vida ha sido mucho mejor desde que me vi
forzado a dejar de tomarla muy en serio”. La oportunidad de trabajar – y
vivir – haciendo lo que uno realmente quiere permite justamente eso,
para darle importancia a lo que realmente es importante; y hacerlo
acompañado de gente que uno quiere, es simplemente genial.