Generalmente esta época del año tiende a ser propicia para balances. Lo bueno, lo malo, lo feo, los pendientes, los éxitos, entre otros, se dan cita en esta convergencia. Son estos espacios los que, especialmente en el último trimestre, han estado ausentes del debate público, impactando también las formas de relación entre personas, en comunidad. Sin lugar a dudas los pendientes cobrarán fuerza, tanto a nivel regional como nacional, toda vez que el 2020 marca el comienzo de las instancias electorales. Por esta razón, quienes opten por escaños de representación local (alcaldes, concejales y gobernadores regionales) de seguro tomarán cuando tema esté en el aire para abanderizar y conseguir respaldos ciudadanos. Por otro lado, también están aquellos que aspiran a escaños de alta representatividad y poder (diputados, senadores y presidencial) quienes estarán muy pendientes del comportamiento de los votantes en las urnas. Todo, por cierto, en un contexto donde las réplicas del estallido social seguirán haciendo sentir porque los movimientos sociales saben que no tendrán, en muchos años, otra oportunidad igual a esta. Una donde, por lo demás, nuestra clase política sigue alimentando a las huestes con salidas de libreto e incapacidad tanto de empatizar como de escuchar. Ahora bien, convengamos que los ejercicios antes mencionados son simples, pero requieren altas cuotas de humildad y de calle que no necesariamente ostentan nuestros representantes, quienes en muchas ocasiones acceden a sus cargos más bien por decisiones de las élites que por mérito y trayectoria. Pero volvamos a lo macro. En el caso de Magallanes los desafíos, aún al debe, siguen estando en áreas tales como Infraestructura Crítica para el Desarrollo, Fortalecimiento y Mejoramiento en la Conectividad, Diversificación de rubros, industrias y sectores productivos que favorezcan la generación de nuevos y mejores empleos, formación de capital humano y atracción de talentos. Ciertamente, en este último punto, la pérdida de competitividad de la región es notoria siendo incapaz de atraer talentos, por ejemplo desde el norte, para asumir y liderar desafíos de desarrollo tanto humano como profesional que permitan, por ejemplo, impulsar la Innovación Social en forma seria y orientada a mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas. Así también hay otras áreas relevantes para el desarrollo de Magallanes tales como agricultura, turismo y ganadería, entre otros. Con todo, lo importante es que de una buena vez seamos capaces de avanzar y no seguir entrampados en los mismos y clásicos temas pendientes de siempre. Generemos espacios donde seamos capaces de escuchar las voces y sentir de todos los actores procedentes desde todos los rincones del territorio. Sólo a través del diálogo, y conociendo in situ la realidad de nuestras comunidades, seremos capaces de construir y trabajar en torno a una hoja de ruta común, con prioridades claras que propicien un óptimo uso de los recursos. Porque si hace rato estamos conscientes del potencial que tiene nuestra querida región entonces la pregunta es tanto obvia como lógica: ¿Por qué seguimos esperando, siendo el vagón de cola del país, nuestra tan anhelada oportunidad para desarrollarnos y progresar? Que este tiempo de reflexión e introspección nos permita proyectar a Magallanes desde el presente con mirada de futuro. Aprendiendo de nuestros aciertos, mejorando desde nuestras equivocaciones y poniendo a las personas en el centro tanto de las urgencias como de nuestra acción. Queridas y queridos lectores, que pasen una felices fiestas y que tengan un próspero año 2020, uno donde Dios nos permita seguir aportando a nuestra querido Magallanes.