Tiempo difíciles

Son tiempos de cambios que nos sorprenden cada día a través de las noticias y los acontecimientos que suceden vertiginosamente, la política, la economía y el valor del dólar, la violencia y la pandemia, nos inundan el pensamiento y la vida, pese al esfuerzo personal que ponga cada uno para sobrellevar la carga de las dificultades, desafíos y alegrías personales, las del entorno familiar o relacional. Vivimos en una sociedad de momentos difíciles y especiales, que requieren nutrirse de información y reflexión para lograr aproximarse a una cierta comprensión de lo que sucede en nuestro entorno mediato, de lo contrario corremos el riesgo de caer en la superficialidad, ignorancia dañina y en  juicios de valores  irresponsablemente ramplones. Nuestro país ya tiene suficiente falta de “tolerancia activa” para que proliferen en el ámbito público opiniones desafectadas de un mínimo de comprensión, que crean que la violencia necesariamente se aplaca, disminuye y se erradica con más violencia. Recordando a Gandhi, “La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”. Somos testigos de la expresión de una “violencia nihilista” carente de sentido, como dijo el intelectual chileno Cristian Warnken, – “Esto partió con un hermoso verso de Víctor Jara: – El derecho de vivir en paz -, pero la violencia con su ostentación obscena secuestró la movilización social y convirtió esa consigna en letra muerta”. El riesgo y la consecuencia de la violencia callejera es causar miedo, desazón y confusión interesada para deslegitimar las manifestaciones y protestas pacíficas que anhelan un país mejor y más justo, no por nada se dice –  “que la violencia es pariente del miedo” – . La desobediencia civil ante la injusticia del poder y del Estado es eminentemente pacífica, se basa justamente en la “no violencia activa”, el otro camino es la sombra y la oscuridad. Bien decía Martin Luther King, “la violencia crea más problemas sociales que los que resuelve y, por tanto, no conduce nunca a una paz permanente”. Vale la pena preguntarse, ¿A quién o a quienes beneficia la violencia? Justamente a los grupos que no creen,  en la democracia como sistema de convivencia social, en la vida republicana y menos aún en la democracia participativa. Los totalitarismos y el anarquismo trasnochado son intolerantes y despreciativos con los valores de la democracia. Nos reafirma Gandhi nuevamente, – “Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia”. Estamos ad portas de un ejercicio histórico de democracia participativa, que tendrá como hito el plebiscito del 26 de abril, cuya legitimidad estará sellada por la participación, es el único camino para proponer y lograr cambios, lo demás es ruido y penumbra. La historia ha demostrado que los países no se hacen equitativos con un permanente estado de agitación. En momentos como estos, obviamente hay algunas personas que son más directamente responsables que otras, es la hora donde se revelan el liderazgo, la conducción y la mesura.

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