No
hay nada más indignante que ver al Presidente Boric arengando las
fuerzas policiales para el Día del Joven Combatiente. Un 29 de marzo
trágico que conmemora los asesinatos perpetrados por policía uniformada
durante la dictadura de Pinochet. Sí, a los Carabineros que en igual
fecha degollaron a Parada, Nattino y Guerrero. Por eso duele ver al
Presidente en actos y acciones poco reflexionadas, más propias de la
desesperación, inocencia y amateurismo político, y que derivan en la
improvisación. Da la impresión que el círculo interno del gobierno no
sabe qué hacer, cómo reaccionar, y de esa forma con mucha facilidad se
confunde, retrocede y termina contradiciéndose. Las convicciones que
supuestamente fundamentan el accionar del gobierno parecen esfumarse,
negociarse, y rápidamente entregarse. Lo que antes se vociferaba con
vehemencia, apuntando con cierta superioridad moral a otras fuerzas
políticas, hoy les condena a constantes regresiones ideológicas. A esta
altura por torpezas.
Creo
que el Presidente y sus cercanos han asumido que por la boca muere el
pez y que sus comentarios del pasado reciente los condena, especialmente
ahora que son gobierno, sumado a que no han sido capaces de proponer
alternativas a prácticas antes
reprochadas. De esta forma, hemos visto al Presidente proponer en la
cuenta pública varios proyectos de la agenda de Piñera y en estos
últimos días avanzar, desenfrenadamente y sin tiempo para profundizar y
reflexionar, en proyectos de seguridad, pero en forma improvisada,
errática y contradictoria. En una jornada pide lealtades en la Cámara de
Diputados y Diputadas para aprobar los proyectos sobre Carabineros y al
poco rato después, desde La Moneda surgen cuestionamientos y críticas a
lo aprobado (calificándola de defectuosa), dejando en incómoda posición
a parlamentarios y parlamentarias que se sumaron al llamado del
Presidente. Una vez más el oficialismo se presenta con posturas
divididas, pero en realidad en esta ocasión se debe fundamentalmente a
errores del Ejecutivo.
Por
otro lado, la derecha populista ha desplegado una ofensiva
comunicacional que intenta posicionar una burda y mezquina pugna
dicotómica entre quienes supuestamente están en contra o a favor de
Carabineros, entre quienes buscan seguridad o quienes apoyan la
delincuencia, tratando de vincularla con los hechos del Estallido
Social, como una forma de explicar la deslegitimación de la institución
policial. Nada más alejado a la realidad, ya que en la práctica ha
existido consenso y unanimidad en que se requieren mejores herramientas
jurídicas y técnicas para enfrentar la delincuencia, el narcotráfico y
crimen organizado, junto con otorgar nuevas y modernas medidas a
Carabineros para cumplir de mejor forma su labor, teniendo una opción
clara por la integridad de sus funcionarios. Lo cierto es que van 5
proyectos aprobados y en el presupuesto de este año aumentó en un 4,4%
los recursos para seguridad. En la misma línea, la derecha se olvida e
intenta ocultar que el deterioro de la imagen de Carabineros se debe a
delitos de corrupción con desfalcos cercanos a los 30 mil millones de
pesos, a montajes policiales para falsificar pruebas e inculpar
ciudadanos, y últimamente a su comportamiento brutal
al reprimir las manifestaciones del Estallido Social, haciendo uso
criminal de su armamento disuasivo, costando la mutilación de la vista
de cientos de compatriotas. Que no nos confundan ni engañen, Carabineros
es una institución necesaria para la convivencia y funcionamiento del
País, pero requiere urgentemente ser reformulada, capacitada y
desmilitarizada.
Por
último, recordar que para la ciudadanía la seguridad no tiene posición
de izquierda ni de derecha, es un requisito de convivencia que entrega
tranquilidad y libertad. Por ello, es importante que el parlamento
legisle alejado de las urgencias y presiones del momento y oportunismos y
mezquindades políticas, para así procurar leyes y políticas públicas
sensatas que garanticen justicia e igualdad, con énfasis en lo que
pretendemos defender.