Tiempos de esperanza (y templanza)

Tras las recientes
elecciones legislativas en Argentina lo cierto es que una luz de
esperanza pareciera vislumbrarse en el horizonte latinoamericano toda
vez que “Juntos por el Cambio” y “La Libertad Avanza” propinaron un duro
revés electoral al peronismo de Alberto y Cristina Fernández.

Esta
suerte de terremoto político está lejos de ser una sorpresa, siendo más
bien una consecuencia: años de miseria, de corrupción, con medidas
tales como fijación de precios, economía descontrolada, derechos
sociales inexistentes y una profunda inestabilidad hicieron que los
argentinos concurrieran masivamente a las urnas para decir ¡basta!

Algo
similar podría ocurrir en Chile en las elecciones del domingo 21 de
noviembre donde las chilenas y chilenos tendremos que votar para elegir
Consejeros Regionales, Diputados/as, Senadores/as y, quizás la elección
más relevante, al nuevo Jefe de Estado.

Y
es que, tras el reciente debate presidencial, el último por cierto a
sólo días de la elección más importante en Chile desde el retorno a la
democracia, los vientos de libertad parecieran estar cobrando fuerza. El
candidato Sebastián Sichel pareciera que (al fin) tuvo su necesario y
urgente despertar para no seguir perdiendo terreno frente a un José
Antonio Kast que tuvo su desempeño más débil en cuanto al formato. Por
la vereda opositora, qué duda cabe, tanto Yasna Provoste como Gabriel
Boric desaprovecharon la oportunidad quedando en una posición menor
respecto a los candidatos de la centro derecha y derecha conservadora.
No obstante, y aun observando lo acontecido en Argentina, no hay que
desmerecer la capacidad de movilizar los territorios que tiene la
izquierda lo que se traduce, por ejemplo, en un contingente fuerte de
apoderados de mesa que defenderán los votos de sus candidaturas en las
urnas, además de acarreos masivos a los centros de votación. Pero más
importante aún: no hay que meno
spreciar
la capacidad de la izquierda para seducir y embaucar, producto de la
ingenuidad e ignorancia del votante promedio, a las personas para que
éstas concurran a esos falsos paraísos que se traducen en realidades
tales como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Perú o Argentina, por nombrar
algunos.

Si
bien lo ocurrido en Argentina pudiera ser un buen augurio para el
centro derecha local, lo cierto es que no hay nada seguro, más aún en el
escenario electoral más líquido de los últimos años donde todos los
mecanismos de medición podrían quedar en nada ante los posibles
resultados de mañana.

Lo
que sí hay que tener muy presente, al momento de ejercer el sufragio,
es lo siguiente: Chile ha gozado y podido disfrutar de un
a
libertad y derechos que no existen en países con gobiernos socialistas –
comunistas. No obstante, estos comicios bien pueden representar un
desfonde o una oportunidad. Será la volun
tad
de las chilenas y chilenos la que guíe, mediante el voto, el destino de
nuestra nación. Que sean las personas quienes, en el ejercicio de su
derecho y su deber cívico, decidan entre el camino del comunismo, el
socialismo o la lib
ertad.

Porque una vez más se silencian las voces de los políticos y se alzan las voces de los ciudadanos.

¡Que las personas decidan el tipo y modelo de país en el cual quieren vivir!

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