La
persona tímida sigue un patrón de pensamiento y conductual
característico que les genera estrés y ansiedad frente a situaciones
sociales. Este esquema está caracterizado por tres aspectos que son los
siguientes:
– Actitud hipervigilante y crítica que los lleva a centrarse solo en los errores que cometen.
– Ideas negativas sobre sí mismo que sustentan una pobre autoestima.
– Preocupación excesiva por su trabajo.
La
ansiedad ante las situaciones sociales desencadena una serie de
reacciones de tipo biológica como: sequedad en la boca, palpitaciones,
temblor en las manos o en la voz, sudoración copiosa y rubor, etc.
Sus
efectos también se aprecian en el área cognitiva. Cuando la persona
debe enfrentarse a determinados contextos sociales, es común que
manifiesten problemas para concentrarse, se olviden las cosas y les
resulte difícil darles un orden lógico a sus ideas, ya que debido a la
ansiedad su pensamiento se desorganiza.
Hay personas tímidas que logran relacionarse con los demás y tener un
desempeño social aceptable. Sin embargo, la timidez se convierte en un
problema cuando es extrema, cuando limita las potencialidades y hace
sentir mal a la persona. La timidez extrema provoca una inhibición del
comportamiento lo cual puede generar un gran sufrimiento emocional.
Algunos motivos de la timidez.
Apego
inseguro. Esto ocurre cuando durante la infancia el niño no logra crear
lazos afectivos adecuados con sus padres. Cuando los padres se muestran
distantes emocionalmente, no pasan mucho tiempo con sus hijos o adoptan
un estilo educativo sobreprotector o demasiado exigente pueden estar
influyendo, sin quererlo, en que su hijo sea muy tímido.
Experiencias
traumáticas. En algunos casos la timidez surge como una respuesta ante
determinadas experiencias que fueron vividas de forma traumática. Si la
persona ha sido objeto de burlas o humillaciones, es probable que se
sienta avergonzada y se encierre en sí misma, como un mecanismo de
defensa. Los ambientes familiares, escolares o laborales demasiado
estresantes, hostiles y competitivos también pueden ser causa de una
excesiva timidez o inhibición.
Falta
de autoestima. Una autoestima baja puede causar la timidez. La persona
que ha recibido críticas constantes a lo largo de su infancia y
adolescencia y que en las comparaciones siempre ha salido mal parada, es
probable que no tenga confianza en sus capacidades, que tenga la
tendencia a subvalorarse y que desarrolle una personalidad insegura,
tímida y temerosa.
Cuando
no se logra superar la timidez y llega a ser una timidez extrema, los
sentimientos de culpa y vergüenza, unidos a la tristeza y la soledad, se
interrelacionan y generan depresión. A pesar de ello, la timidez con
ayuda psicológica puede superarse.
El
tratamiento psicológico tiene básicamente como objetivo: tratar de
eliminar los pensamientos automáticos y negativos que generan la
timidez. Además, proporciona los recursos psíquicos para hacer frente a
la inhibición.
La timidez es diferente a la fobia social. Esta última se verá con detalle en la próxima columna.