¿Todo se puede Comprar?

A
propósito de una entrevista a Gastón Soublette publicada el fin de
semana recién pasado. Éste ha indicado que la ética ha sido reemplazada
por el cálculo de lo que me conviene. Eso lleva a muchas reflexiones -ya
que para el suscrito- aquello forma parte de una de las características
del hombre moderno, el que ha ido perdiendo su sabiduría producto de
una vida apurada, que no deja tiempo para la reflexión y que por tanto
no deja espacio para la verdad. Lo anterior, lleva a un hombre atrofiado
que no tiene conciencia del peligro que le rodea, ya que en un mundo
donde la información se encuentra en su Smartphone, la oportunidad de
descubrir y maravillarse por el sentido de la vida ha quedado atrás.

Este
escenario planteado por Soublette me lleva a reflexionar en torno al
mercado, en especial, por que éste transforma todo lo que le rodea en
una mercancía o lo que para algunos puede sonar más amigable, lo
transforma en “un bien de consumo”. Es así, como la educación, la salud,
las pensiones, por nombrar algunas, han transmutado en lo que Polanyi
en 1944 denomina: commodities (mercancía), en donde todos los bienes y
servicios pierden su espíritu inicial. Me explico con otras palabras.

Tomemos
como ejemplo la educación. La educación es un proceso de transferencia
que lleva o trata de facilitar el aprendizaje de habilidades, valores,
creencias e incluso hábitos de una determinada sociedad. De hecho,
podríamos indicar que cualquier experiencia que tenga un efecto
formativo en nuestra forma de pensar, se podría considerar como
educación.

Ahora
bien, en qué momento este proceso se transforma en un commodity. Es
más, las familias ven como algo natural el cobro por la educación,
tratando de hacer lo posible de colocar a sus hijos en los mejores
colegios, los cuales para un país como Chile son pagados. Incluso es
parte del negocio, los textos escolares, los uniformes, los útiles
escolares, los buses de transporte, etc.

Tratemos
de contestar el por qué. Pues bien, para la economía la sociedad es una
especie de laboratorio, donde el ser humano reacciona a estímulos y
castigos, de hecho, para Jeremy Bentham considerado el padre del
utilitarismo, la función de este ser humano es escapar del dolor y
alcanzar el placer. Es con esto, que la sociedad asume principios de
integración social para lograr dicho objetivo, que para nuestro país han
quedado arraigados en el mercado. De modo, que no es de extrañar la
negativa por parte de muchos compatriotas de actuar solidariamente en
temas previsionales, forzando una preocupación continua sobre la
propiedad de los fondos de pensiones.

Esto
es un peligro para la cohesión social, ya que cuando el mercado se
transforma en el único principio de integración, con un sistema de
intercambio guiado exclusivamente por los precios de mercado, todo se
transforma en una mercancía.

Esto
lleva a que las personas pierdan los vínculos que los hacen sentirse
parte de una sociedad, colocando en peligro su evolución cultural.

En
definitiva, el mercado descansa en vínculos sociales que no son
contractuales y que deben ser considerados para futuras acciones que
fortalezcan la cohesión social de nuestro país. Tenemos mucho que
trabajar para lograr aquello.

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