“Esta ya es la Constitución de Lagos, de Pinochet no queda nada”, dijo con su característico entusiasmo el exvocero Francisco Vidal para justificar su voto En Contra en el plebiscito del 17 de diciembre. Qué manera de cambiar el discurso a conveniencia, dejando de lado la creencia y el valor de la política por el suelo. En el año 2013 y hasta hace muy poco, el propio Vidal advertía que, si la derecha se atrincheraba en la constitución de Pinochet y Jaime Guzmán, se iba a buscar una asamblea constituyente.
Una de las grandes consignas de los políticos de la campaña del En Contra es que esta es una Constitución Partisana, es la “Kastitución”, en alusión a un personaje de derecha radical, que, según las encuestas, solo tiene un 18% de apoyo a su proyecto político. Lo más curioso es que hoy quienes esgrimen ese argumento, precisamente defendían hace menos de un año la propuesta de la convención constitucional que realmente fue una propuesta de secta y que sus enmiendas solo fueron aprobadas con un 5% de consenso.
El fin justifica los medios. Qué valida es esa frase hoy para aquella clase política, que, a punta de lugares comunes, quiere que siga todo igual.
Lo que está en juego, va más allá de una derrota o triunfo electoral. Es responder a cuatro años de estancamiento e inestabilidad. Es tener la oportunidad de dar el primer paso para salir de este eterno lumbago en que está sumido el país. Es más, la propuesta constitucional que se presenta también es hija de los dolores de la actualidad.
¿Entonces, por qué los políticos que votaron apruebo por una Constitución hace un año hoy van por el En Contra?
La respuesta es simple. Quieren mantener vivo el dilema constitucional como cancha de campaña para las elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales que vienen. El PC advierte que, tras el 17 de diciembre, el pueblo, movilizado en las calles, decidirá si se avanza o no en un tercer proyecto. Los más “duros” del partido ya adelantan que sí.
Lo más triste de todo, es ver a hoy a políticos de la centro izquierda e izquierda desconocer el trabajo de este proceso, luego de que se avanzó en el Acuerdo Por Chile, las 12 bases institucionales, el anteproyecto de expertos, y los derechos sociales que fueron aprobados unánimemente. Da vergüenza que quienes votaron a favor de esos derechos en el propio consejo, hoy descaradamente desconozcan que lo hicieron.
Pero la razón de fondo es otra: rechazar este proyecto constitucional les va a dar la posibilidad, quizás no en lo inmediato, pero más adelante, de insistir con ese proyecto refundacional que Chile no quiso, no quiere, y no querrá. Para ellos hay un solo modelo que se puede inculcar. No hay espacio a acuerdos, ni diálogo.