Columna/Análisis / Hugo Pérez White escritor de la Patagonia
Como es el caso puntual de los
propietarios de los camiones de transportes que están disconformes con las
tarifas que les cobran las concesionarias
en horas punta y están haciendo opinión pública para que esta medida sea
revocada y mediante esta presión pretenden encontrar solución a sus problemas
gremiales para conseguir sus objetivos como también lo han estado haciendo los
pescadores artesanales de las distintas regiones que han exigiendo
periódicamente una nueva ley de pesca y derogar
la que actualmente rige a estas actividades y con estas manifestaciones hacen
conciencia nacional para ser escuchados y encontrar apoyo parlamentario en la
solución a sus problemas económicos.
También tenemos nuestros propios
dilemas con la calidad de la educación,
tema central que ha movido a miles de estudiantes a realizar marchas en
diferentes ciudades del país con el
objeto de que las demandas estudiantiles sean atendidas en su totalidad por
parte de las autoridades gubernamentales.
Esta dicotomía que se produce
entre los sectores en conflicto se ha dificultado por la imposibilidad de
dialogar y porque la virulencia física y verbal se ha desatado en los
enfrentamientos callejeros y también se han
incorporados al movimiento estudiantil numerosas agrupaciones
sindicales, ambientalistas, poblacionales y otros sectores sociales que han
hecho causa común con el petitorio de los estudiantes enarbolando pancartas y
lienzos alusivos que avivan el ambiente callejero lo cual aumentó en su momento
la efervescencia social.
El diálogo racional se aleja de
las posiciones conflictuadas lo que no permite discutir ideas y en consecuencia
el diálogo se rompe por ambas partes y
el desorden y la violencia grupal y la represión lógica que estas manifestaciones
provocan, llevan a la sociedad a una convivencia deteriorada por la pérdida del
principio de autoridad y la desconfianza
en las instituciones del Estado que no son capaces de satisfacer las esperanzas
y las inquietudes de gran parte de la ciudadanía que se siente atropellada en
sus derechos constitucionales.-
La población chilena en todos los
sectores poblacionales incluyendo los grupos sociales antagónicos desde el
punto de vista económico están permeadas de alguna manera por la educación, ya
sea porque alguna vez han sido alumnos hoy son alcaldes, concejales, diputados,
senadores, jefes de servicios y otros pertenecen a organismos del estado que
tienen relación directa con la educación que han recibido por lo tanto tomar el problema como intransigencia de poderes no ayuda a
solucionar los problemas y con estas actitudes de oídos sordos, no
quieren someterse a la racionalidad, la que nos permite resolver ésta y otras
diferencias humanas.-
Lo más preocupante en todo este
embrollo dialéctico que se ha armado para buscar las soluciones adecuadas a las
circunstancias que vive el país en el aspecto educacional y otros, es que todos
los actores involucrados coinciden en
los principios fundamentales del descontento, pero, al momento de dar a conocer
sus propias conclusiones cada uno tiene un punto de vista diferente y además se
suma la intransigencia producto de las presiones que se ejercen en todos los
niveles de decisión y así no se puede llegar a ningún acuerdo razonable.-