Trabajar por necesidad

Llamó la atención en la
prensa mundial, la modificación de la jornada laboral en Grecia, con
algunos titulares llamativos pero no asertivos, que decían: “Grecia
permite la semana laboral de seis días y trabajar hasta 13 horas por
jornada”.

Si
usted se queda con ese titular, como le pasó a la ministra del trabajo
española que paso vergüenza en las redes sociales por no leer completo
el reportaje comprende que, una persona sumando colación y traslado
invertirá un total 15 horas diarias para cumplir con su contrato,
quedando solo 9 horas para dormir y estar con la familia. Esta jornada
en Chile, incluso con más horas, lo han tenido las dueñas de casa, a
veces por opción y otras por necesidad.

La
jornada que aumentó Grecia es para trabajar con diferentes empleadores.
Es decir, un trabajador griego puede trabajar en total 78 horas
semanales para varios empleadores. En Chile no existe un límite de
horas de trabajo para un trabajador. Nuestra norma laboral regula la
jornada máxima de trabajo con un empleador, sin prohibir el ejercicio
con otros empleadores. Un trabajador en Chile podría trabajar 16 horas
diarias o más para diferentes empleadores.

La necesidad nos obliga
a hacer lo inhumano. Si hay una familia que mantener, hijos (as) en la
universidad, préstamos que pagar y otras obligaciones, tengan por
seguro que lo menos que quieren es que las leyes le corten los brazos
para trabajar. Pero esto debe ser en periodos de carencia ya que, si
bien es cierto, es elogiable que una persona sea considerada
trabajadora, la salud se resiente y en la vida familiar puede pagarse
costos altísimos si los integrantes no están sintonizados con la
situación.

Si
usted tiene un trabajo bien remunerado para sus ambiciones y una
jornada de trabajo normal, debe sentirse privilegiado. Pero debemos
considerar que en algún momento podemos entrar a una vertiginosa carga
laboral, cuando la
pareja se enferma o fallece perdiéndose un ingreso familiar.

Antes
era común que nuestras abuelas o madres, debían salir al mundo laboral
sin preparación académica, ya que sus padres creían que eran un mejor
aporte que trabajen en la siembra, atendiendo a los animales o en las
labores de casa. Pero estas mujeres al crecer y quedar viudas o ser
abandonadas por su pareja, quedaban a la deriva económicamente en un
mundo frío y ruin, como es hasta ahora, y en donde había que parar la
olla realizando trabajos de oficio como costura, aseo o labores de casa
en general. Sin mayores opciones, debían sacar su familia adelante.

Por eso se reitera la importancia
de que la familia sea un promotor de la educación, que permita a los
hijos e hijas obtener a futuro una mejor remuneración, un horario y
lugar cómodo de trabajo y en algo que le guste realizar. Que las luchas
que tuvieron nuestras madres y abuelas no se vuelvan a repetir,
considerando que las oportunidades académicas existen y el rol de los
padres, madres o tutores es proteger a los hijos con una visión de largo
plazo.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS