Ubi sunt? III / ¿Dónde están?

¿Dónde están? ¿Qué se han hecho? ¿Por qué se han deshecho?

¿Dónde
está la compostura? Sí, se echa en falta. ¿Cuál compostura? ¿La de
remendar, de componer partes averiadas, rotas de una pieza mayor? No,
aunque en este ejercicio, es un buen comienzo; en realidad es la
compostura que tiene que ver con las actitudes, con la conducta de
nosotros, con la recta actitud, con el buen comportamiento. Esa es la
que se echa en falta. Es apreciable su ausencia, las más de las veces el
comportamiento es carente de recta actitud, más bien es disuelto, es un
abandono. Nos apartamos, no nos comprometemos, nos hacemos ajenos.
¿Cómo recomponerla? Son varios los ingredientes a combinar. Sugiero
avancen en la lectura de esta columna.

¿Dónde
está conciliación? ¿Por qué le tememos a la conciliación? ¡Es como
temerle a la verdad! La verdad, entre paréntesis, se equilibra entre dos
“verdades”, la tuya y la mía, ya que la verdad-verdad no es propiedad
de nadie particularmente. Conciliar es ponerse de acuerdo, lograr un
acuerdo de dos o más personas. La conciliación es buscar puntos de vista
de coincidencia, de concordancia y, de ese modo, evitar una contienda,
un pleito. Es anunciar puntos de vista o posiciones diferentes y buscar
el equilibrio.

¿Dónde
está el sosiego? Me acordé de una expresión tan conocida en ámbitos
familiares, cuando alguien, generalmente mayor, nos espetan
sorpresivamente son un ¡sosiégate, te dicen! Seguro saca una sonrisa
este recuerdo. Sosiego es sinónimo de quietud, calma, reposo,
tranquilidad, silencio, sino paz. De todas, paz es la de mayor
simbolismo,
es el culmen en este cese de actividad, pues implica reflexión,
detención, espera, orden, ¿con qué fin?, para conseguir una necesaria
serenidad, más ecuanimidad, sino justicia. Ser justos es conseguir
armonía, unidad, fraternidad. Buen propósito como han de ver.

¿Dónde
está la serenidad? En este tiempo, en estos tiempos, muchos son los
eventos y de distinta naturaleza los que nos desacomodan y causan
inquietud, nerviosismo, arrebato o intranquilidad. ¿Qué hacer? ¡Pedir un
minuto! ¡Contar hasta quince! O apartarnos, retirarnos, un momento, o
un buen rato, hasta sosegarnos. La idea es conseguir un poco de paz
interior, reflexión por medio, o escuchar voces interiores, recurrir a
consejos de mayores, sino a la oración. Conseguir la serenidad co
mo
actitud en nuestro decir, en nuestro actuar será de gran beneficio en
la prosecución de nuestras interacciones con el prójimo.

¿Dónde
está el silencio? ¿Es necesaria su comparecencia? Todo bulle, todo es
vocinglería, todo es expresión de voces, gestos orales, o ruido
simplemente. ¿Cómo conseguir que se nos escuche? ¿Cómo conseguir que
nuestra voz sea única? ¿Cómo?… ¡Hum!, los puntos suspensivos son
indicadores de dejar en suspenso la pregunta, las preguntas, para dar
una respuesta sensata, cuerda, propia de un homo sapiens. Insisto, ¿es
necesario el silencio? Sí, a veces, sí. Y no para esconder un juicio,
una opinión, una respuesta, una confesión, sino porque es necesario en
nuestra individualidad dar un espacio a la cavilación, al razonamiento, a
la introspección, a la reflexión, una vez más, y dejar menos espacio a
la especulación, al sinsentido, a la perorata, a la matraca, a la
cháchara. Concedámosle valor al silencio, no eterno, al silencio
ocasional, démonos permiso,…

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