Ucrania, donde comienza la paz del mundo (IV)

Entre
1991 y 1992 la historiadora estadounidense Anne Applebaum realizó un
viaje a países que fueron sometidos por el imperialismo ruso-soviético,
entre ellos Ucrania. Ella documentó su viaje en el libro “Entre Este y
Oeste” (1994, Pantheon Books), donde es posible leer testimonios de
aquellos individuos que veían esperanzados el futuro de sus países, ya
liberados del comunismo y de Rusia. “Creemos en una Ucrania
independiente… Ucrania debe ser independiente… no queremos que Ucrania
siga formando parte de Rusia”, afirmaba uno de los entrevistados por la
historiadora.

Daniil
es el joven mesero que me atenderá en un restaurante ubicado en la
ribera oeste del Río Dnieper descubierto en mi caminata por Kyiv, entre
el Puente del Parque y la Iglesia dedicada a San Nicolás. Él me irá
traduciendo el menú escrito en ucraniano; aprovechando que habla bien
inglés le hago solo una pregunta: “¿Qué es para ti la paz?”; me responde
casi instantáneamente: “Volver a vivir a mi ciudad”. Daniil es de
Jersón y es uno de los millones de ucranianos desplazados que han sido
obligados a abandonar su hogar. A veces la paz es algo muy sencillo, o
quizás muy difícil de lograr.

Continúo
mi recorrido por Kyiv y voy encontrando puntos de control militar en
plena ciudad que no permiten el paso a calles donde se encuentran
edificios gubernamentales estratégicos, también vi un punto de control
militar en la entrada a un parque en el centro de la capital. Estos
mismos “check point” los iré viendo cada 20 o 30 km en el viaje de
salida del país.

La
guerra también se siente en la Plaza de la Independencia, conocida como
Maidán; en la superficie hay miles de pequeñas banderas ucranianas
escritas con plumón con el nombre de los soldados caídos en combate y
también de civiles. Detrás de las banderas se ven esas letras gigantes
volumétricas que sirven a los turistas para tomarse una foto de recuerdo
con la frase “Yo amo a Ucrania”.

Bajo
esta famosa plaza se encuentra el centro comercial Globus, todas las
tiendas están abiertas, pero no hay clientes en ellas, solo se ven los
dependientes de los establecimientos. Esta es una ciudad completamente
distinta a la que vi en mi primer viaje en 2019, la guerra sí se siente,
se ve, se escucha.

Hace
un poco más de un mes, en un diario de referencia mundial, el
Washington Post, el columnista Max Boot afirmaba que en su recorrido por
Kyiv, pudo darse cuenta que “no se siente como una ciudad sitiada. Es
una metrópolis bulliciosa y vibrante (…) bares y restaurantes repletos
de personas”; quizás él conoce otras ciudades o países en guerra y por
eso afirma aquello de la capital ucraniana. Desde mi experiencia,
Ucrania sufre por la invasión, pero al mismo tiempo se levanta y
levantará, tal como lo ha hecho en los distintos momentos de su historia
en que vio amenazada su integridad nacional y cultural.

Applebaum
señala que “durante muchos siglos, los viajeros que visitaban Ucrania
quedaban impresionados por la marcada identidad y conciencia de sí misma
que caracterizaba a la región”, con esa misma sensación me quedó luego
de este recorrido por Ucrania, el país donde comienza la paz del mundo.

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