Un 8 de marzo dulce y agraz

El
pasado miércoles fuimos nuevamente miles de mujeres las que salimos a
la calle a conmemorar un nuevo Día Internacional. Este año, en el marco
de los 50 años de la dictadura cívico-militar y bajo el lema “Las
feministas no perdonamos ningún golpe”. Miles de mujeres nos auto
convocamos con muchísima más fuerza para seguir siendo el grito y la voz
de las que ya no están y la llave permanente de la memoria histórica
invisibilizada. Así también nos reunimos con la profunda convicción de
lucha y reivindicación para terminar con todas las formas de violencias
que persisten contra las mujeres recordando que “Las niñas y mujeres no
se tocan, no se violan, no se matan”, en un país en donde en lo que va
de este año (2023), lamentablemente se han consumado 6 femicidios y 35
femicidios frustrados. Si bien es cierto, la jornada fue alentadora
existiendo un esperanzador consenso provocado por la reciente
aprobación del proyecto de ley que establece un régimen de protección
para las víctimas de femicidio y sus familias y respecto a las medidas
anunciadas por el Presidente, (Proyecto de Ley Integral de Violencia
Contra las Mujeres, disminución de la lista de 2.279 mujeres que esperan
acceder a una cirugía para la resolución de incontinencia urinaria, la
incorporación de 27 anticonceptivos que representan el 60% de la demanda
actual para que las farmacias en convenio puedan adquirirlas y
venderlos a un bajo costo, con una disminución de hasta un 80% en el
precio, (ahorro app. de $200.000 anuales)), entre otros anuncios, la
jornada lamentablemente también tuvo algo de agraz. El mismo día en que
miles de mujeres clamamos en unidad por todo Chile la necesidad de
avances, se rechazaba en la Cámara de Diputados la idea de legislar la
reforma tributaria presentada por el gobierno, la cual se iba a destinar
entre otras cosas al avance universal de sala cuna sin discriminación
de género, (iniciativa que busca equiparar legalmente el derecho a sala
cuna para madres y padres, sin depender del tamaño de la empresa,
incluyendo además a trabajadoras independientes y trabajadoras de casa
particular), al reconocimiento de los cuidados, temática a la cual ya me
he referido en otras columnas y que busca entre otras cosas la
redistribución y la reducción de las cargas de cuidado actuales, por
medio de la ampliación de la cobertura de los programas existentes y la
creación de nueva oferta programática de cuidados provista por el
Estado, (85% de quienes destinan 8 o más horas diarias al trabajo de
cuidados no remunerado son mujeres), al financiamiento del aumento de la
Pensión Garantizada Universal a 250 mil pesos, a la disminución y
atención oportuna en hospitales y consultorios, entre otras tantas
medidas del programa de gobierno que requieren de dicha reforma para su
financiamiento. Lo lamentable es que con el hecho anterior, algunos
celebraron un triunfo político que más bien se traduce a una derrota
social para cientos de chilenas y chilenos que requieren de la
implementación de dichos avances… es de esperar que prime la cordura en
un nuevo intento legislativo.

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