Mañana se cumple un año con el Coronavirus instalado en Chile. En algunos días se cumple un año del primer caso en Magallanes.
Algunos
expertos señalan que incluso el Covid-19 pudo haber estado incubado en
la zona más austral del país un par de meses antes.
Lo concreto es que nuestras vidas cambiaron drásticamente desde esta pandemia llegó a nuestras vidas.
Nos
encerramos, tuvimos que aprender a teletrabajar y nuestros jóvenes y
niños hicieron de sus piezas una sala de clases y a la vez el punto de
encuentro virtual para sostener juntas con sus amigos.
El
Coronavirus nos llevó amigos y familiares y en Magallanes nos mantiene
aún con una tremenda angustia, porque hubo meses en que los ojos de
Chile apuntaban a nosotros, incluso se llegó a hablar de una cepa
magallánica.
Desde hace un año usamos mascarilla, como nunca antes lo habíamos hecho.
Y
más allá de la estética, lo que se pierde con la mascarilla es
capacidad de comunicación. La boca posee muchas funciones a nivel
físico, pero la asociamos, sobre todo, con un gesto universal y
necesario: la sonrisa.
Desde hace un año perdimos la capacidad de sonreír y de verla escasa sonrisa en los rostros de nuestros más cercanos.
Una
sonrisa es nuestra mejor tarjeta de visita; denota felicidad,
sinceridad o hipocresía, conformismo o afirmación, también sirve para
seducir, persuadir o intimidar; una sonrisa puede ser una señal de
alegría, de ilusión, de implicación y de aceptación.
La pandemia nos trajo consigo muchos cambios y también angustias que no nos dejan dormir.
Nos dimos cuenta de los frágiles que somos y que a veces no sacamos nada con planificar y planificar.
La realidad hoy es otra.
También hemos visto cómo se han perdido miles de empleos y cómo la realidad económica ha empeorado.
A
fines de 2019 las proyecciones de crecimiento mundial para 2020 eran de
3,5%. Sin embargo, el 11 de marzo de 2020, la OMS declaró el Covid-19
como pandemia y la economía mundial entró en caída libre.
Hoy,
casi iniciando el tercer mes del año 2021, más de 110 millones de casos
de Covid-19 han sido confirmados en todo el mundo y hay más de 2,4 millones de muertos por la enfermedad.
El
crecimiento mundial para 2020 fue en torno a -3,5%, lo que supone un
dramático descenso de siete puntos porcentuales respecto de lo
proyectado.
El tamaño y la velocidad de las medidas macroeconómicas para enfrentar la pandemia no tienen precedentes.
Por
primera vez en la historia el nivel de desempleo en Magallanes superó
los dos dígitos, aunque muchos se nieguen a reconocerlo y cerraron
empresas que entregaban trabajo y estabilidad a muchos de nuestros
vecinos y amigos.
De
ahora en adelante y según la opinión de expertos internacionales
debemos centrarnos en cuatro aspectos fundamentales de cara al futuro.
La
salud es primero. Se deben entregar ayudas a quienes más lo necesiten.
El Coronavirus no estará bajo control mientras no se alcance la
vacunación de gran parte del planeta.
Así,
cuanto antes ocurra, antes se recuperará la actividad económica y el
empleo. Por tanto, la prioridad número uno es hacer que las vacunas
estén disponibles en todo el mundo. Las ayudas deben dirigirse a los más
vulnerables y distribuirse expeditamente.
Chile hasta ahora lo ha hecho muy bien.
Segundo, prepararse para hacer frente a los legados de la pandemia.
Dada la mayor vulnerabilidad de los altos niveles de deuda y las
elevadas necesidades de financiación en todo el mundo, es oportuno y
necesario profundizar o crear marcos de política fiscal creíbles y
sólidos.
Lo
tercero es que se debe facilitar la transición de la recuperación a un
modelo de crecimiento inteligente, ecológico e integrador. Esto será
cada vez más vital a medida que la recuperación se afiance.
Y,
finalmente, se debe profundizar la cooperación internacional. Esto
significa hacer que las vacunas estén disponibles y sean accesibles para
todos los países, entre otras cosas, mediante la financiación de Covax
(programa de la OMS para que los países pobres accedan a vacunas);
proporcionar alivio de la deuda, subvenciones y financiamiento en
condiciones favorables para los países de bajos ingresos, y llevar a
cabo un impulso de inversión pública verde.
Las
fronteras no pueden permanecer cerradas por mucho tiempo, vivimos en un
mundo globalizado que nos exige el contacto con nuestros vecinos. Hace
ya un año, por ejemplo, que no tenemos ningún contacto con nuestros amigos argentinos de Santa Cruz o Tierra del Fuego.