No voy a descubrir la pólvora ni menos hacérmelas de historiador. Hay claridad que el 2020 que recién se fue, fue un año complejo para todos (o casi todos, sepa ud. Que hay algunas familias que subieron considerablemente sus ceros en las cuentas corrientes, entre ellos el Presidente) y muchas familias, personas con rostro, nombre y apellido, se han visto forzados al sobreendeudamiento, a ingeniárselas para llegar con un pan a la mesa o definitivamente ver truncados sus sueños y expectativas, con un Gobierno, que al menos así lo siente la gran mayoría de chilenos, los ha abandonado a su suerte.
La baja aprobación del presidente Piñera, con números increíbles, hablan de una desconexión total entre él, su familia y el resto de los compatriotas. ¿La primera dama podía viajar al extranjero junto a sus hijas y pasear por las playas y malls de Miami? Definitivamente sí; ¿pero era necesario hacerlo ahora? Claramente no.
El sinfín de errores y horrores mediáticos y por sobre todo éticos, hacen que este oasis del cual se jactaba el primer mandatario en el 2019, se le haya transformado en el peor desierto sin una gota de agua con un barco a la deriva que nadie sabe quién lo maneja. Quiénes son los más afectados… ustedes, nosotros, la clase media y trabajadora de este país. Las PYMES, el negocio de barrio, el esforzado asalariado que sobrevive con el agua hasta el cuello.
El estallido social y la pandemia han demostrado que existe una inmensa mayoría que no quiere ser gobernada por neoliberales, que no los representa la forma burlesca con la que habla el ministro Briones, que no comparte el juicio de realidad de Allamand, que no ve como una salida el hacer bingos ni rifas para reparar colegios públicos o levantarse más temprano (como si el obrero saliera a las 12 de su casa) para pagar un par de pesos menos en el metro o nuestro encargado de salud desconociendo que en las comunas populares de este largo y ancho país existen viviendas con hacinamiento.
Pues bien, aquí comienzan también nuestros problemas, mientras vemos a una élite política que sólo intenta llevar agua para su molino, viendo quién es más cercano al “Che” Guevara, quién es más puro y celestial, quién tiene más cuentas pendientes, sólo ganan los mismos nombrados anteriormente. Con un pequeño grupo de seguidores, irán por no mover la constitución, por mantener un gobierno que ahoga y que el buen vivir sea sólo la quimera de los contados con una mano.
El desafío de este año es la unidad. El poder llegar juntos, con los independientes, los representantes de movimientos sociales, los militantes de los partidos, todos juntos a cambiar de una buena vez por todas lo que reclamamos en tantas y tantas tardes de protestas y conversación que se dio en cada uno de los territorios de Chile.
A los dirigentes sociales, deportivos, territoriales y políticos, sepan que llevan en sus hombros las esperanzas de toda una nueva generación por vivir en un Chile de todos, en un Chile justo. Yo, siempre disponible para avanzar.