Durante los últimos
meses el Gobierno de Sebastián Piñera se ha empecinado en expulsar
inmigrantes de forma masiva, contraviniendo el derecho internacional,
cortando vínculos familiares con niñas, niños y seres queridos; también
en ocasiones los mantienen incomunicados y sin asistencia legal. Un
abuso.
Las
expulsiones de los extranjeros son principalmente centroamericanos, que
llegan a Chile buscando un futuro mejor, con un país que, según dice la
canción, “verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”.
Bueno, un sector de la sociedad lo deja solo en líricas y acordes de
buenas intenciones, siendo discriminadores en potencia cuando se trata
de la vida real.
Cuántas
veces se nos ha dicho que los foráneos nos vienen a quitar el trabajo;
bueno, yo desafío a alguien que me muestre números concretos de cuántos
nacionales hay sin trabajo producto de la llegada de inmigrantes.
Al
finalizar los Juegos Olímpicos de Tokio llegamos con el mal récord de
no colgarnos medalla (en ningún caso culpo a nuestros atletas que con
esfuerzo y poca ayuda logran participar en la justa deportiva más
importante del mundo). El más destacado fue el luchador del estilo
grecorromano, nuestro Yasmani Acosta. Un cubano que decidió echar raíces
en el sur del mundo y que nos representó con orgullo llevándose un
cuarto lugar.
En
redes sociales y en la moledora de carne llamada twitter, muchos
cuestionaron sus orígenes; pues bien, probablemente Yasmani no lea estas
palabras, pero me gustaría que siguiera compitiendo por Chile, pero más
pienso que, a través de él, se pueda concretar un trabajo a largo
plazo, buscando que niñas y niños se interesen en este deporte y podamos
tener más competidores destacados. Así se construye nuestra historia.
Ahora
bien, no solo en el deporte tenemos una hermosa herencia que nos vienen
a legar nuestros hermanos latinos y centroamericanos. La gastronomía de
todas las latitudes hace gala en las cocinas de restaurantes y hogares de todo Chile.
Los
que llegan a Chile vienen a cumplir sus anhelos dejando todo atrás,
cosa muy difícil y que nuestros antepasados saben el dolor que significa
tener que abandonar tu tierra. Yo quiero que nuestro país, entendiendo
la lucha que hemos venido dando la última década, sea un país inclusivo,
lejos de los estigmas y prejuicios que podemos crear como sociedad.
Bienvenidos,
amigos inmigrantes, que vienen a aportar al desarrollo, productividad y
cultura a nuestro país. Siéntanse como en casa, porque sí, esta es su
casa, más allá de algunos pocos que se creen dueños de lo que no les
pertenece.