Un convenio al estilo Flies

No
es ni una novedad que el gobernador Jorge Flies tiene un estilo
personalista, en donde prima su visión y la de sus colaboradores más
cercanos, pero con una actitud casi de desprecio hacia los partidos que
sustentan el Gobierno o a las instituciones competentes en alguna
materia. De esa forma obró como intendente, teniendo una relación
distante con los partidos de la Nueva Mayoría y de esa forma inicia su
primer año como gobernador con un distanciamiento del Consejo Regional.
La firma del convenio con Acnur es una muestra más del estilo Flies.

El
convenio señala que el objetivo principal es incorporar el Gobierno
Regional de Magallanes al programa Ciudades Solidarias de Acnur. La
pregunta inmediata es ¿a qué ciudad representa Jorge Flies? ¿A cuántos
gobiernos comunales consultó para hacer efectivo este acuerdo? En la
foto faltan nuestros alcaldes y alcaldesa de ciudades locales, que sin
duda tienen un espíritu solidario hacia los refugiados, y serán en la
práctica quienes aterrizarán la instalación y adaptación de las
personas. De igual forma, en el convenio el gobernador de Magallanes
asume una serie de compromisos que requerirán la concurrencia de
recursos, pero lo hizo de manera inconsulta a la mitad del Gobierno
Regional, nuestro Consejo Regional, quien es por mandato popular el
órgano que aprueba o rechaza los recursos regionales. Los refugiados
requerirán una serie de apoyos en cuanto a infraestructura y condiciones
de vida, que aseguren su sobrevivencia, adaptación, nutrición,
condición sanitaria y un acompañamiento para su salud mental. Un
convenio inconsulto podría gene
rar una animadversión de los consejeros regionales y el rechazo de recursos para esta materia.

Sin
duda, la disposición a recibir refugiados es una noble intención que
gran parte de la población comparte en lo general. La pregunta que emana
es si el gobernador tiene esta competencia, algo que esperamos la
Controlaría General de la República podrá dilucidar a favor o en contra.
Más allá de eso, un convenio de este tipo tiene implicancias políticas
que requieren la mirada o aprobación de Cancillería.

Una
declaración del gobernador, la semana pasada, esboza una definición de
refugiados demasiado formal en tiempos de crisis migratoria. No tengo
dudas que los hermanos venezolanos huyen de condiciones políticas y
socioeconómicas, lo cual los obliga a migrar miles de kilómetros en
busca de alternativas de sobrevivencia. Sin ser formalizados como
refugiados cumplen todos los requisitos para ser declarados como tales,
una postura política a la cual el gobernador regional le hace el quite,
he incluso limita. De cara a la ciudadanía y sus municipios quedan
pendientes estás definiciones en donde Magallanes podría colaborar de
haber voluntad.

Decisiones
de este tipo requieren definiciones y una estrategia en materia de
políticas demográficas. El desarrollo actual de Magallanes impide un
mayor crecimiento demográfico que asegure una buena calidad de vida a
los residentes. Vivimos un fenómeno migratorio que está ocasionando una
fuerte presión sobre educación, salud y economía. Es este marco dinámico
debe insertarse esta discusión sobre ref
ugiados para poder ofrecer una apropiada e integral calidad de vida a las personas que acogeremos

Lamentablemente
el estilo Flies asegura solo una buena foto para él, pero muy poco de
una adecuada discusión de políticas públicas. Magallanes debe discutir
su desarrollo y su futuro y, a partir de ello, generar condiciones para
una migración apropiada. Aún hay tiempo para fortalecer el diálogo
democrático, a lo cual el estilo Flies no aporta.

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