¿Un destino inexorable…?

Desde
que en octubre de 2019 se hizo visible el ataque al modelo de
desarrollo chileno, que tanto ha contribuido al progreso nacional, el
país entró en una dinámica de la cual no se vislumbra salida. Parecemos
enfrentados a un destino inexorable y aciago, del cual no somos
cabalmente conscientes. Como espectadores en vivo de una trama
dramática, asistimos a un cambio copernicano en las estructuras de
nuestro querido y vapuleado país. Aun cuando evitan la palabra
refundación, la mayoría de los convencionales están en esa idea. Con
malabarismos lingüísticos rodean dicho concepto, pero cada norma que
proyectan y las que han votado como definitivas para otra constitución,
reflejan el afán refundacional de Chile. Y los ciudadanos como si no
atinaran a comprender el gran calado de los cambios propuestos. Es un
partir casi de cero; es la hoja en blanco de la que tanto se habló y
discutió, pero que fue negada una y otra vez por la mayoría de los
partidarios del Apruebo. En la materia que indaguemos, los
convencionales de izquierda, los que in pectore se asumen como
refundadores, proyectan normas que nada tienen que ver con la realidad
del Chile que madruga, que toma locomoción colectiva, que paga
dividendos y trabaja de sol a sol. Los refundadores de la república
están sometiendo a los chilenos a un experimento salido de sus estudios
de sociología, antropología y ramas afines.

“Quieren
inventar un país imaginario” declaró hace pocos días el astrónomo José
Maza, refiriéndose a los convencionales y a las normas que están
proyectando. Estas palabras recuerdan al poema “El hombre imaginario” de
Nicanor Parra, que se podría parafrasear diciendo “Y en las noches de
trabajo imaginario / sueñan con un Chile imaginario / que les brindó una
voluntad imaginaria”. Es penoso ver como juegan y rebajan las
instituciones a su amaño y arbitrio desde sus escritorios, en donde
sueñan un país en que todos somos verdes, pobres, solidarios, sumisos,
pero felices, y dirigidos por ellos, personas que se auto perciben como
honestas.

El
tiempo también avanza de manera rampante y el proyecto de otra
constitución debe estar terminado a más tardar el día 4 de julio de este
año. A partir de hoy, sólo quedan cuatro meses para que los dos tercios
de los convencionales determinen la totalidad del proyecto
constitucional a presentar a la ciudadanía. Se debe tener claro que sólo
un sector del país está armando y diseñando este proyecto, que es la
izquierda política. Se ufanan de ello y desestiman casi la totalidad de
las propuestas de quienes no piensan como ellos, porque se reconocen
destinados por la historia para hacer historia y armar de nuevo el país.

¿Estaremos
atados a un destino prefigurado por los convencionales de izquierda?
Porque más allá de si una norma que sale a la luz pública hace o no
sentido en el ser humano medio, la corriente submarina es profunda y se
está llevando al país de nuestros padres e incluso, al país que
queríamos para nuestros hijos. El sistema de justicia aprobado por los
convencionales de izquierda, es uno en donde cada cual podrá tener el
tribunal de justicia que estime de acuerdo a si adscribe o no un pueblo
precolombino, de manera que la igualdad ante la ley que tanto
pregonaron, la terminan de una vez. Es la ideología indigenista que les
invade hasta los tuétanos, la que nos hará desiguales. Esta misma
ideología es la que acabará con la nación chilena, que es tributaria de
los pueblos precolombinos que habitaron estas tierras, como de los
inmigrantes europeos y americanos.

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