Un día de furia

Este
18 de octubre a tres años del llamado “estallido social” vimos
nuevamente el “estallido delictual” en acción. Parece que la fecha pasó a
ser un día en el que los límites se desdibujan y todo está permitido.
Como el mundo soñado por Lewis Carroll en Alicia en el país de las
Maravillas, es un día en el que la lógica matemática no funciona y en el
que “la oruga que fuma opio” es la cuerda. Definitivamente una locura.
Desde hace un tiempo venimos “normalizando” lo que no es, ni debe ser
normal. La Falta de autoridad y de respeto a la misma, se ha impuesto en
el país de un modo enfermizo, por lo que la violencia y la delincuencia
que minan el estado de derecho se han impuesto y actúan en una
permanente y permisiva impunidad. Vivimos en un Chile al revés, la gente
de bien se guarda y los que no tienen Dios ni ley, hacen lo que quieren
sin consecuencias.

Lo
visto esta semana va más allá de lo racional. Deja evidencia de una
degeneración moral profunda que paradójicamente han alentado los que se
auto arrogan tener una superioridad moral. La soberbia de quienes hoy
son gobierno los lleva a creer que están más allá del bie
n
y el mal y que sus ideas deben imponerse a como dé lugar, incluso al
punto de “pololear” con el mismo “demonio”. Después de tres años de
“octubrismo” Chile por fin despertó el 4 de septiembre y ha comenzado a
ver que fueron engañados por quienes supuestamente venían a renovar la
política “autodonándose” y dictando cátedra de la necesidad de cambiar
el modelo. El mismo presidente intentó decir que no eran
anticapitalistas, cuando con tal de derribar el “modelo” han estado
dispuestos a hacer muchas cosas que en definitiva han perjudicado a las
personas. Para ellos la ideología vale cualquier costo, cosa que
siempre ha sido así.

Tal
vez algunos aún piensen que estoy siendo muy dura en mi juicio, pero es
la evidencia la que muestra que estoy siendo objetiva. Los que hoy nos
gobiernan han relativizado la violencia y la han utilizado a
conveniencia. Sin esta jam
ás
habrían sido gobierno, lo que deja claro que con tal de lograr el poder
nunca les importó que todos estuviésemos más mal. Nuestra paz fue la
moneda de cambio por su bienestar.

Esta
semana aparte del día de furia y de permisividad desatada, presenciamos
como el presidente se molestó al ser encarado por los Pyme exigiendo
seguridad y ordenando las reales prioridades de las personas. Al ser
interpelado, el presidente exigió enfáticamente “respeto” en un tono
bastante inquisitorial el que a veces se le sale. Es cierto que el
respeto a la autoridad busca evitar este tipo de escenas, pero son
ellos mismos los que han minado el respeto por la autoridad en todas las
dimensiones y han banalizado a la autoridad misma en la forma y en el
fondo.

La pérdida del
respeto a las autoridades y las instituciones es el cáncer social que
se manifiesta hoy en el caos desatado. El país hace años ve a
estudiantes que no estudian ningunear a profesores y directivos. Tomarse
los colegios e imponer desde la violencia su visión pasando a llevar al
resto de la comunidad educativa que si quiere estudiar. Las minorías
“matonas” se han impuesto en los liceos emblemáticos y los han
destruido. Las llamadas “manifestaciones sociales”, han sido permeadas
desde el comienzo por grupos que, destruyendo los bienes públicos y
privados, han transitado en la más flagrante impunidad y nunca han
pagado el costo económico de nada de lo destruido. No hay penas, no hay
sanciones, “paga Moya”. Los que hoy son gobierno han azuzado a las
turbas y construyeron un relato de un Chile “desigual e injusto” como el
peor lugar de la tierra, cuando la realidad mostraba con evidencias lo
contrario. Quedaba mucho por mejorar, pero éramos un ejemplo de cambio y
movilidad social. La prensa hizo eco de ese llamado de “justicia
social” y derramó sus lágrimas emocionales para justificar y amplificar
lo injustificable y lo que cuan cáncer permeó la sociedad entera.

El
día de furia no es más que el ejemplo real en el que las barreras se
desdibujan, cual Halloween, donde todo está permitido. Es ahí donde la
degeneración país se hace evidente. Es necesario enmendar el camino y
comprender que las acciones tienen consecuencias y que las personas
individuales son responsables de sus actos y de las consecuencias de
éstos. “ A quien le quepa el sayo, que se lo ponga”.

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