El presidente Boric ha
impulsado el Corredor Bioceánico Capricornio, que unirá el norte de
Chile con la costa del Brasil, cruzando por Argentina y Paraguay. Tras
su visita a este último país, se conformó una comisión especial,
encabezada por el ministro de Economía, Nicolás Grau, para coordinar a
las agencias públicas en apoyo a esta iniciativa.
Esto
toma aún más fuerza con la gira del presidente de Brasil a Chile,
ocasión en la que también se abordó la relevancia de ese proyecto.
El
potencial de este corredor no es una novedad. Desde la década de los
90, en Chile se ha hablado de aprovechar nuestra ubicación estratégica
como puerta de entrada de los países del Cono Sur al Asia Pacífico.
Nuestras ventajas comparativas no se limitan a la disposición de
minerales, a un clima privilegiado para la agricultura y el rubro
forestal, una costa con un potencial pesquero y a la capacidad de
generar energías renovables no convencionales, sino que también a
nuestra localización estratégica.
Los
países de la cuenca del Pacífico son nuestros principales socios
comerciales y, de no mediar conflictos internacionales que alteren las
relaciones, esta tendencia probablemente continuará por largo tiempo. En
ese contexto, por ejemplo, la decisión de promover Mejillones como un
puerto de gran escala fue visionaria: el propósito fue convertirse en
una plataforma significativa para facilitar el comercio exterior
nacional y proveer servicios a los países de la región, generando un
impacto productivo y de desarrollo en el norte grande.
Aunque
ese terminal ha tenido otra evolución, la oportunidad sigue siendo
válida. Por ello, es valioso sumarse activamente al desarrollo de la
infraestructura vial que origina el corredor.
Sin
embargo, nuestra falta de planificación integrada de infraestructura,
la coordinación deficiente entre las diferentes agencias públicas y la
falta de una visión compartida del futuro podrían jugar en contra. La
construcción del Puerto de Chancay, en Perú y otras iniciativas
similares en ese país podrían sustituir el rol que Chile debería cumplir
por su ubicación. Aunque algunos operadores navieros no ven este
riesgo, la forma de impulsar nuestro territorio es mediante
infraestructura que maximice su potencial.
En
ese sentido, es crucial que Chile se sume activamente a este proyecto
del corredor a través del impulso dado a los puertos de San Antonio y
Valparaíso y al esfuerzo en la Región del Biobío por integrarse
físicamente con Argentina.
Por
ello, insistimos en la necesidad de contar con una entidad supra
ministerial -un Consejo Asesor en Infraestructura- que apoye al
Presidente en la visión de largo plazo respecto a nuestras oportunidades
y al rol que juegan las obras clave para mejorar nuestra economía.