El
Plebiscito de salida del 4 de septiembre es sin duda un hito que
marcará un antes y un después en Chile, no solo en términos políticos y
administrativos, sino que también, democráticos.
Por
ello, gran parte de la ciudadanía se está informando sobre la propuesta
constitucional, sobre si esta cumple o no con sus anhelos y
expectativas. De ahí que resulta profundamente preocupante la tesis del
Ministro Jackson que esta semana condicionó las reformas del Gobierno al
triunfo del Apruebo, asegurando que “con la Constitución actual, muchas
de nuestras reformas no se podrían llevar adelante”. Cosa que más tarde
fue refrendada, con algún matiz como es habitual, por el mismo
Presidente Boric y por la ministra vocera de Gobierno, Camila Vallejo.
Dejando
atrás la prescindencia exigida para el Gobierno y sus funcionarios,
proponer esta falsa dicotomía a la ciudadanía acerca de los buenos y los
malos, de la Constitución de Pinochet o la del pueblo, del pasado y el
presente, no solo es impresentable, sino que erosiona las bases de un
proceso que debe ser independiente.
Indexar
de alguna manera el resultado del Plebiscito al programa de Gobierno es
casi como una advertencia, además de erróneo, así como lo es manipular
las emociones de la ciudadanía.
El
4 de septiembre se plebiscitará la Constitución que regirá a Chile y la
vida de sus habitantes por los próximos 30 o 40 años, y que por
consecuencia, trasciende este y varios gobiernos más. Así, lo que se le
consultará a la cuidadanía es si el texto es bueno o malo, si están de
acuerdo o no con el trabajo que hizo la Convención Constitucional en
este año de trabajo, si este texto responde o no a sus demandas más
relevantes. No si quiere apoyar la “agenda transformadora” de Boric con
su voto.
El
Gobierno tiene el deber de ponerse en todos los escenarios y garantizar
el cumplimiento de sus compromisos de campaña y de su programa,
independientemente de las externalidades que puedan ocurrir. Porque,
¿qué pasa si no se aprueba la Constitución? ¿Se acabó el Gobierno? ¿El
Ministro Jackson no irá más al Congreso a defender su agenda?
Mientras
los chilenos deliberan libremente y sin presiones sobre el futuro de
esta propuesta de Constitución, es imprecindible que el Gobierno esté
concentrado en su gestión y deje de postergar gran parte de los
problemas, y por ende, del trabajo, para después del Plebiscito. Porque
sistematizar el mundo y querer reducirlo a una contienda binaria no es
certero, como tampoco lo es creer que esta es la Constitución que
garantizará los derechos de un grupo de votantes específico y de un
Gobierno específico. Porque las constituciones se redactan para
garantizar los derechos y el bien común de todos, por un buen número de
años y no solo por el período de un gobierno.