Mañana
11 de marzo se cumple un año desde que el Frente Amplio y Gabriel Boric
llegaran a encabezar el país. Mucha agua ha pasado bajo el puente desde
que eufóricos lograban en tan poco tiempo lo que a muchos les cuesta
años de años. Una generación nueva era elegida para conducir a un país
en los que resonaban aún los ecos de octubre del 2019. Es altamente
probable que sin aquella revolución Boric no estaría en la presidencia,
al menos en esta época. Los de la izquierda radical fueron grandes
agitadores y casi voceros oficiosos de las hordas que arrasaron bienes
públicos y privados, de tal suerte que esa fue su manera de auparse al
poder; pero bueno, dicen que en la guerra y el amor todo vale. El otro
factor que les llevó a la presidencia fue el miedo que muchas personas
sintieron por el candidato Kast, quien en la recta final de la campaña
anunció el fin del Ministerio de la Mujer, lo que influyó en que muchas
mujeres sintieran que estarían más desprotegidas en ese escenario. Este
año de gobierno ha demostrado que el cacareado feminismo de la izquierda
se acomoda según la ocasión.
Ciertamente
en el papel y para cumplir un requisito, el candidato Boric presentó un
programa de gobierno al país. Hoy sabemos que en su caso fue sólo para
cumplir con la formalidad, pues su verdadero programa estaba contenido
casi de manera íntegra en el texto constitucional que redactara la
Convención Constitucional. Para el Presidente cualquier texto sería
mejor que la Constitución vigente. Hasta ahora todo su gobierno ha sido
presa de vientos arrachados desde un punto de vista político. Pero
claro, si se expuso tan abiertamente a ser protagonista del fallido
cambio constitucional que in pectore era su hoja de ruta, los vientos
han terminado por dejarle en el suelo, desde donde no ha podido ponerse
de pié. Ha buscado incesantemente encontrar un rumbo, pero rechazado su
programa de gobierno, quedó al desnudo el desierto de ideas que hoy
ronda en La Moneda. No se trata de ausencia de ideas puntuales,
sectoriales a veces, que las puede haber, sino de una idea de país que
pueda llevarse a cabo aún en las circunstancias actuales. Sin embargo,
fue de tal calado la derrota del 4 de septiembre del año pasado, que vemos a un gobierno fantasmal, que sólo es la sombra de lo que quiso ser.
Quién
diría que a un año desde que Boric está gobernando, el líder impetuoso,
contestador, lleno de mil ideas, hoy deambula buscando un sentido a su
gobierno que a su vez, le haga sentido a la población. Hasta ahora no se
ha producido el encuentro entre gobierno y población y pareciera que no
lo logrará en el mediano plazo. Lamentablemente una vez más Boric está a
la espera de un nuevo texto constitucional que pueda darle el sentido a
su gobierno, del que hoy carece. Apuesta el todo o nada en el
plebiscito de diciembre próximo y poder pasar a la historia firmando
dicho texto. No es lo que el país se merece, pero es lo que el país
eligió. Lo más paradójico es que el Presidente podría terminar firmando
un texto constitucional que en nada represente su pensamiento político,
como tampoco el de los partidos actualmente gobernantes.
No
existe al menos desde la segunda mitad del siglo pasado hasta ahora, un
gobierno que en cuerpo está habitando La Moneda, pero que su alma esté
residiendo en las ideas que fueron rotundamente rechazadas en un
plebiscito del que fue protagonista. En el primer aniversario del gobierno actual, vemos un gobierno sin programa y un programa que se quedó sin gobierno.