Un imperativo

Este
año y el próximo estamos llamados una vez más a elecciones. En octubre
que viene serán las elecciones de Gobernadores, Cores, Alcaldes y
Concejales. Son elecciones que anuncian de alguna manera y con cierta
precisión, los resultados de las presidenciales siguientes. De ahí el
vivo interés de los partidos en tener los mejores resultados de cara al
año siguiente.

Para
una parte sin duda mayoritaria de la sociedad, el país está en una
situación desmedrada. Habría que retroceder al gobierno socialista
comunista de la Unidad Popular para encontrar una situación catastrófica
similar. La economía en franco deterioro. Los homicidios, robos,
asaltos están prácticamente sin control. El desempleo aumenta. La
inflación nos sigue golpeando. El algún momento nos perdimos como país.
Desde la insurrección de octubre de 2019 que el país viene
desmoronándose. Y todo a vista y paciencia del gobierno y diría, de la
clase política en general. Hay que recordar que aquellos fueron los
promotores del descalabro al que hoy asistimos.

Entonces
se hace necesario y urgente detener el deterioro institucional y
económico. Hay variadas propuestas políticas para ello. Una est
á
en la línea liberal, cercana a Milei de Argentina. Otras nacionalistas
y/o patriotas. Otra conservadora, en la línea del Partido Republicano.
Está el centro derecha, representado por los partidos de Chile Vamos.
Está una línea que se denomina centrista, donde está el PDG, Amarillos y
el Partido Demócrata. Es esta la oposición aglutinada en partidos o
movimientos ¿Podrán estos partidos hacer el cambio necesario y urgente
que el país necesita? ¿De qué manera se le propone al país los cambios
necesarios y cuáles serían estos?

Como dato de la causa, siempre debe recordarse que este gobierno tiene un apoyo
inconmovible que ronda el 30% del electorado. Una base de apoyo no
menor para cualquier elección que se presente. Base de apoyo además, que
tiene una realidad histórica, pues desde el retorno a la democracia
esta cifra más menos, ha acompañado a la izquierda radical.

Demócratas
ya ha señalado que no hará pacto alguno con los republicanos. Por su
parte, éstos necesitan ir solos para medir su fuerza electoral. Todos
dan por descontado que el próximo gobierno del país será de derecha o al
menos, no de izquierdas. Esto abre el apetito por estar en la primera
línea de un hipotético gobierno derechista. Como simple ciudadano, que
sufre además los embates de la realidad nacional, espera que los
partidos y movimientos se pongan de acuerdo. No es hora ni momento para
priorizar sus intereses partidarios. La patria está en serio peligro. Y
esto no es una exageración ni nada parecido. La sospecha que los
incendios en la quinta región no fueron casuales sino obra de bandas
delincuenciales, es un muy mal indicador. El secuestro de un refugiado
venezolano, hechos en las barbas del gobierno y de la seguridad
nacional, es también otro indicador. La pugna a esta altura pública, de
bandas rivales por el control de la delincuencia, raya en una situación
ominosa para el país. Y sin embargo, nada parece alterar al gobierno.

El
cambio político es un imperativo moral y de salvación de la patria. En
estas horas oscuras, donde nos dijeron que todo cambiaría y que los
últimos 30 años había sido lo peor para el país, la oposición debe
actuar con generosidad. Estamos asistiendo a los ú
ltimos
años de una sociedad próspera. Impidamos que aquellos que sólo por
ideología y amparados por el poder político que detentan, están
corrompiendo al país, sigan avanzando en ese propósito.

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