Cuando
faltan pocas semanas para la entrega del proyecto de constitución,
sabemos el tipo de Estado que quiere la mayoría de los convencionales,
que son de izquierda. Sabemos el tipo de Justicia que diseñaron. Sabemos
los privilegios que se dan a las minorías étnicas. En fin, el país se
ha ido formando una idea más precisa del texto constitucional que se
plebiscitará. Y es así como comienzan a surgir a manera de borbotones en
un volcán, preguntas sobre el proceso y sobre las normas que forman
parte definitiva del proyecto.
¿Son
las normas constitucionales propuestas mejores que las actuales? ¿El
proyecto ideado por la Convención soluciona de mejor manera los
problemas presentes de la sociedad, o por el contrario, sin
necesariamente resolverlos, crea nuevos problemas? ¿La ciudadanía
prefiere un país territorialmente unitario o dividido en territorios
autónomos? ¿Es mejor una Justicia igual para cada uno de los habitantes
del país o es mejor diferenciarla en atención a la raza o etnia a la que
se pertenezca? ¿Representa adecuadamente el actual proyecto de
Constitución las demandas que hacen sentido a la mayoría de la
población? ¿De rechazarse el texto propuesto en el plebiscito del 04 de
septiembre próximo, se seguirá en la búsqueda de un texto
constitucional, pero de otra manera; o por el contrario, este proceso se
terminará definitivamente? ¿Es necesario refundar el país o sólo
adecuar las normas existentes y continuar con el hilo histórico y
constitucional que ha caracterizado a este país por más de doscientos
años? ¿El proyecto de Constitución es uno que permite el reencuentro del
país o por el contrario, divide aún más a los chilenos? ¿Buscaron los
convencionales la unidad nacional por medio de una Constitución, o sólo
su particular mirada ha prevalecido al momento de redactar el proyecto?
Estas
preguntas y otras han comenzado a rondar en las mentes de los chilenos
que expectantes, están a la espera del término de un proceso no deseado
ni buscado, pero que a sangre y fuego se instaló en el país. Una
sociedad no soporta un clima de inestabilidad permanente o muy largo en
el tiempo, pues la mente y las energías de las personas deben estar
ocupadas en subsistir, alimentar a sus familias y progresar en la vida, y
no distraídas en asuntos políticos ideológicos o partidistas, que sólo
interesa a unos pocos privilegiados.
No
obstante lo anterior, quizás si la pregunta que mejor representa el
sentir general, es si el texto del proyecto constitucional que se
plebiscitará, es mejor que el vigente, en el sentido de si hará de Chile
un mejor país para vivir, para trabajar, para educar a los hijos, para
progresar. Tal es el nivel de desconfianza en la Convención
Constitucional, que muchos dan ya por fracasado este proceso
constituyente y se aprestan desde diversas miradas, a idear un plan post
Convención, pues la opción que desaprueba el texto, la manera en que se
ha desarrollado este proceso y la conducta soberbia de gran parte de
los convencionales, está siendo mayoritaria.
Las
dudas están ya instaladas y faltando dos meses para la entrega del
proyecto definitivo, no pareciera que ellas se disipen fácilmente, pues
casi la totalidad de lo ya escrito en el borrador no podrá ser
reemplazo, de manera que buena parte de la suerte ya está echada.
Tampoco el actuar de la mayoría de los convencionales contribuye a
mejorar el clima contrario a su propuesta, pues insisten al plantear que
teniendo mayoría en la Convención, la tienen también en la sociedad, lo
que aumenta más las dudas ya generadas.