Un mundo ciego

Cuando se es ciego no se sabe de dónde vendrá el garrotazo, a menos que hayan desarrollado óptimamente los otros sentidos y la percepción. Cuando se nos apaga la luz de un momento a otro quedamos en un limbo, desprotegidos, vulnerables a cualquier agresión y temerosos de que nos golpeen desde cualquier parte. No hay modo de pensar en evaluar las circunstancias para hacerles frente porque estamos más preocupados de intentar sentir, de agudizar el ojo o el oído para tener una noción del espacio temporal en que nos encontramos. Imaginar la vida de Hellen Keller llega a ser perturbadora en extremo porque nadie nos ha preparado para enfrentar situaciones difíciles. Mucho menos una como la de ella. Su desarrollo, aprendizaje y superación en el mundo que le tocó vivir es un ejemplo casi imposible de imitar. Sin embargo, ella lo hizo. Demoró años, pero lo logró y fue inspiradora. Nos encontramos, como sociedad, en un punto de ceguera total: un virus que se expande, notas de prensa por montones, criticas en las redes sociales de todo tipo y un sistema de control de daños absolutamente poco transparente. Se privilegia la economía por sobre la vida. Nadie hace un mea culpa por no tener respuesta a los estudiantes o fortalecer la relación familiar en los hogares que “deben soportarse” 24 horas en vez de las apenas 4 que la cotidianidad permitía y nos imaginamos a Will Smtih y su perro en Soy Leyenda. Nos creíamos inmunes a todo y aún pensamos que el bicho pasará de largo de nuestro hogar o de nuestros parientes o amigos. Así será hasta que caiga el primero y pasaremos de la apatía a la desesperación igual que si nos hubieran apagado la luz. La mente se afiebrará buscando respuestas y al fin entenderemos y palparemos la furia de las cifras de muertos en Italia y España, donde se portaron igual de obtusos como muchos de nuestros compatriotas. Para vivir esta crisis hay que enseñar reglas básicas del estoicismo y ello nos llevará a rebajar la ansiedad ante lo desconocido y a soportar el necesario aislamiento. Por fin entenderemos la importancia del núcleo social y cuan necesarios somos unos respecto de otros. La oportunidad de la solidaridad está allí, aún inexplorada, porque seguimos pensando exclusivamente en nosotros mismos. ¡Qué enorme oportunidad para el fortalecimiento de las relaciones familiares! Triste es la situación de los que están solos, los abandonados y quienes no pueden o no quieren vivir acompañados.

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