A
pocos días de que comience un nuevo gobierno que nos da esperanza y
sueños, es que se han instalado diversos debates en la opinión pública,
en los barrios y rincones de Chile y nuestra región. ¿Cuál es el futuro
que queremos?
Claro
que para el nuevo Chile naciente tenemos que llegar a acuerdos. Qué
haremos con las pensiones, cómo se financiarán los derechos sociales,
las bases de la institucionalidad, rol del Estado, nuestras
organizaciones políticas, formas de los poderes Legislativo, Ejecutivo y
Judicial, solo por nombrar algunos que ya se discuten en la Convención
Constitucional.
Pero
sin duda lo que no puede quedar afuera y se debe hacer hincapié, debe
ser el desarrollo ecológico como punto central. Tenemos que hacer de
Chile un país sustentable, que abrace la economía circular, un nuevo
trato con el medio ambiente y, desde ahí, el presidente Gabriel Boric
tiene mucho que decir y hacer.
Debemos
garantizar, más allá del papel, los límites que primarán en las
diferentes industrias que socavan nuestras aguas, montañas, hielos
eternos. No basta solo con una voluntad social y política en el papel,
si finalmente esto no queda plasmado como una hoja de ruta principal,
serán las futuras generaciones a las que ponemos en riesgo de perderlo
todo.
La
Constitución del 80 propició un descalabro medioambiental,
superponiendo los intereses neoliberales, sin contrapeso y con
beneficios para quienes explotan lo que supuestamente es de todos.
Nuestra cultura extractivista ha dominado en los últimos 50 años y se
debe detener ya.
Estas
mismas cosas son las que nos han hecho quedar en el pasado en materia
de diversificación energética. Claramente yo no soy científico y no me
las quiero dar de tal, pero está absolutamente comprobada la capacidad
geotérmica existente en nuestro territorio gracias a la cantidad de
volcanes con los que contamos. Pues bien, las empresas eléctricas
(privadas) no quieren invertir por los riesgos económicos que esto
conlleva, pero tampoco lo puede hacer el Estado, porque los mismos
privados no desean que el Estado se meta en su negocio. Conclusión:
seguimos dependiendo de formas añejas y obsoletas para obtener energía.
El
hidrógeno verde, como la gran industria del desarrollo futuro mundial,
ha centrado en Magallanes su gran centro de operaciones… pero bien,
desde el Gobierno saliente de Sebastián Piñera, bajo la atenta mirada
del ministro Jobet (el mismo del litio), se han empecinado en
entregarles a los privados todos los recursos naturales y dejar a la
estatal Enap como un espectador más.
Por
supuesto que yo no estoy en contra de que privados puedan invertir,
pero esto se debe hacer bajo regulaciones conscientes. Un ejemplo, hace
dos años se intentó instalar salmoneras en Cabo de Hornos, ¿se entiende?
En Cabo de Hornos, reserva de la biósfera nombrada por la Unesco y
donde se encuentran las aguas más prístinas del planeta, con rey de
Noruega incluido haciendo lobby en el territorio de la mano del
presidente Piñera.
Lo
más terrible vino después, cuando Harald V, monarca nórdico, respondió
con toda soltura que ellos solamente esperaban cumplir con las leyes
chilenas, que por supuesto en su propio país hubiese sido absolutamente
imposible el intentar instalarse bajo estos parámetros. No se asuste,
somos el basurero del primer mundo.
Tenemos
que hacer que Chile gire hacia instalar el agua como un derecho humano,
que los derechos de la naturaleza se fortalezcan y se respeten. Obligar
al reciclaje, hacer que la menor cantidad de residuos llegue a los
vertederos.
El mundo lo pide, nuestro planeta lo exige y nuestras gentes lo necesitan.