Un nuevo ciclo

Y
llegó el día. Ese donde el adjetivo de “electo” queda en el baúl y la
investidura presidencial lo viste por los próximos cuatro años. El ahora
presidente Gabriel Boric Font, el primer magallánico en la historia en
llegar a la máxima magistratura, inicia su mandato. Y como tal, llega
también el momento de ir cumpliendo algunas de las promesas realizadas
en campaña como, por ejemplo, el retiro de 139 querellas contra
detenidos – por desmanes, destrozos, saqueos y destrucción de bienes
públicos e infraestructura pública – con motivo del estallido social del
18 de octubre de 2019. El hecho sin dudas que no pasa inadvertido, pero
también es señal de lo que vendrá: la impunidad. Con esta medida todas
aquellas personas que participen en actos delictuales, violentistas,
destructivos, matonaje, saqueo, entre otros, saben que bajo el gobierno
del Presidente Boric gozarán de total impunidad sin siquiera mediar
algún debido proceso judicial. Por su parte, el Gobernante sabía también
que esto tenía que resolverlo a la brevedad porque, en caso contrario,
tendría manifestaciones permanentemente en las calles por parte de
quienes le respaldaron en las urnas, perdiendo consiguientemente su
fuerza electoral. Un lujo que no puede darse en un año crucial para su
mandato donde tendrá la oportunidad de que la Nueva Constitución lleve
su firma. Esto, lógicamente, a la espera de lo que las chilenas y
chilenos libremente opten en el contexto del plebiscito de salida. Boric
sabe que la Convención Constitucional no ha estado a la altura, que la
confianza en ella, y sus convencionales, pende de un hilo, y que su
trabajo ha sido tanto mediocre como paupérrimo. Pero también está
consciente de que los costos, de un eventual triunfo del “rechazo”, los
tendrá que pagar él en las calles y, junto a su gabinete, serán
incapaces de controlar la calle porque quienes se movilizan en esta,
además de anarquistas, son ingobernables. No son seres pensantes, no son
seres trabajadores, pero entiende la presión, la extorsión y el poder
como pocos y saben que, en las calles, en aglomeración, son
tremendamente fuertes y pueden doblegar a cualquiera. Ejemplo de esto lo
ocurrido con el ex Presidente Sebastián Piñera quien, además de una
evidente falta de carácter, fue incapaz de sortear la presión y tuvo que
recurrir a abrir la caja de Pandora en el acuerdo por la paz social y
nueva constitución del 15 de noviembre de 2019. Piñera nunca tuvo en su
hoja de ruta abrir la senda hacia la redacción de una nueva carta
fundamental pero, ante su incapacidad y la de su gabinete, nunca pudo
resolver el problema que le planteó la calle y la destrucción que trajo
consigo. En este nuevo Chile lo que seguramente veremos es un Jefe de
Estado que tendrá como prioridad a Mujeres y Jóvenes donde, a la postre,
radica su principal fuerza electoral, la que tiene que cuidar y
mantener contenta si quiera triunfar en el plebiscito de salida. Veremos
también un empoderamiento de las organizaciones sociales, funcionarias y
sindicales quienes van a demandar y exigir más derechos, pero con los
mismos (o menos) deberes – responsabilidades. También, de seguro,
veremos en algunos casos la coartación de la libertad tanto de prensa
como de expresión y el debilitamiento del Estado de Derecho y, por ende,
de la institucionalidad en general. Veremos también más desdén e
ignorancia por parte de la ciudadanía lo que seguirá impactando en la
política y en la calidad de su debate.

Y
veremos un sinfín de cosas más donde, de seguro, algunas nos
sorprenderán más que otras. Porque este nuevo ciclo, este nuevo Chile,
no sólo no tiene rumbo, sino que también adolece de carácter,
experiencia, consecuencia, convicción, honestidad y lealtad.

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