En
el último lustro (cinco años) en nuestro país se perdieron las
confianzas, porque se destapó una crisis política, que llegó a afectar
lo institucional con el estallido social y el posterior vandalismo y
destrucción que por ejemplo en Punta Arenas afectó muchos pequeños
comerciantes y microempresarios. En Chile en los últimos años se
perdieron las legitimidades. En nuestro país se ha vivido la peor
crisis desde hace muchas décadas, obviamente dejando de lado la que
provocó el quiebre democrático de Chile en 1973. La desconfianza
ciudadana está agravada por la crisis política, la crisis de
legitimidad. ¿A quién creerle? ¿Quién va a solucionar los reales
problemas de la gente? Esta crisis de desconfianza es gravísima. Y esa
es la principal tarea que tiene el
nuevo gobierno que asume el próximo 11 de marzo, porque hay un
cuestionamiento total, porque se han destapado muchas realidades que
antes se escondían. Las colusiones afectaron gravemente al sector
empresarial. Es difícil restarse a algo que terminó afectando gravemente
el bolsillo de cada uno de los ciudadanos, porque para enriquecerse aún
más, unos pocos se pusieron de acuerdo y afectaron a otros muchos. Cómo
sustraerse al aprovechamiento en algunas reparticiones
con el tema de las jubilaciones. Y para colmo, hasta la Iglesia
Católica se ha visto afectada especialmente en la última década al
revelarse los abusos. Pero la clase política, encabezada por las nuevas
autoridades deben comenzar a dar el ejemplo y encaminar al país hacia
un nuevo destino en el que nos podamos reencontrar y volvamos a crecer
como país. En nuestra propia Región de Magallanes y Antártica Chilena hemos resentido fuertemente el estancamiento del país y esperamos volver a respirar.