Electo
Salvador Allende el 04 de septiembre del año 1970 se inicia una
revolución que llamaron vía chilena al socialismo. La Unidad Popular
obtuvo sólo un tercio de las preferencias ciudadanas y debido al sistema
imperante en esa época, el Congreso Nacional ungió a Allende como
Presidente de Chile con los votos de la Democracia Cristiana. De esta
manera comenzó un gobierno que deseaba transformaciones profundas sin
tener la mayoría política y social necesaria para hacerlas realidad. La
altísima inflación, la escasez, el desgobierno, la violencia, el
sectarismo y muchos otros males provocados por la Unidad Popular
terminaron en un golpe de Estado que derrocó y terminó con el intento de
establecer el marxismo en Chile.
Los
partidos políticos de la época no estuvieron a la altura para encontrar
una salida política al grave y agudo conflicto institucional que vivía
el país, en tanto los partidos de gobierno se atrincheraron en sus
posiciones motejando de burgueses, momios o fascistas a cualquiera que
se oponía a sus ideas, lo que impidió más aún el diálogo y finalmente
una salida política a la situación.
A
casi cincuenta años de los hechos históricos descritos la situación
actual se asemeja a la vivida en aquel entonces. Un sector de la
ciudadanía sin respaldo político ni social mayoritario quiso nuevamente
imponer sus términos al país. Hizo detonar una revuelta en octubre del
año 2019 y ha querido encubrir sus afanes revolucionarios bajo el rótulo
“estallido social”. Este sector no ha sobrepasado en democracia el 30%
del electorado y sólo llegó al poder aupado por la centro izquierda, a
quien le debe su estadía en La Moneda. Estuvo además altamente
mayoritaria representado en la Convención Constitucional, por lo que
gobierno y Convención Constitucional formaron un solo bloque político e
ideológico. Desde este órgano constituyente se pretendió refundar Chile,
hacerlo transitar una vez más hacia aun sabiendo que no tienen mayoría
social para tal intento.
El
gobierno de la Unidad Popular estuvo en el poder casi tres años, que es
lo mismo decir que la revolución marxista duró ese tiempo en Chile, la
que terminó como se indicó con un golpe de estado. De manera análoga la
revolución marxista iniciada en octubre del 2019 y que quería
institucionalizarse mediante una Constitución Política terminó después
de casi tres años, pero esta vez mediante votación popular, de manera
democrática y pacífica. Nos podemos entonces sentir orgullosos como
sociedad porque hemos conjurado una vez más la vía chilena al socialismo
y esta vez, con democracia y civismo. El 62% del país rechazó el texto
constitucional propuesto. Hemos dado un paso importante como país al
zanjar esta grave diferencia con madurez y sentido común. Cuando antes
las fuerzas políticas no supieron ponerse de acuerdo y llevaron al país a
la ruina social y política, hoy han actuado con un alto sentido de
responsabilidad, pues teniendo importantes diferencias ideológicas, la
mayoría pudo coincidir y encauzar este proceso constituyente dejando
tales diferencias y estar en la vereda del Rechazo. Nobleza obliga el
reconocer esta circunstancia.
Ciertamente
este grupo minoritario que nos ha llevado a esta situación de
inestabilidad institucional seguirá intentando llevar a cabo sus planes.
Por ahora sufrieron una dura derrota a manos del pueblo chileno, no de
las elites, no de la derecha, no de los privilegiados, sino del pueblo
sencillo y humilde de esta patria.