Un país polarizado

No
hay mucha tolerancia. Incluso hemos visto al mismo Presidente de la
República, Gabriel Boric, molestarse públicamente con los periodistas y
perder la paciencia, producto de un alto estrés en su alto cargo. En los
últimos tres años en Chile hemos experimentado un proceso lleno de
hostigamientos, desconfianzas y descalificaciones. Desde diversos
sectores políticos, económicos y sociales se han expresado opiniones que
han agitado más aun el ambiente, y de ello hemos sido testigos acá en
la Región de Magallanes y Antártica Chilena. Hemos experimentado en
nuestra zona un proceso nunca antes visto, con odiosidades
inexplicables. Y por si fuera poco, a ello enfrentamos contingencias
tremendamente complejas, como la pandemia del Coronavirus. Lo que
estamos viviendo es una crisis de magnitud superior y con un nuevo
Gobierno que ha generado muchas expectativas en la población. Pero la
“clase política” no ha estado a la altura de las circunstancias y, muy
por el contrario, ha desoído procesos de entendimientos en torno a
objetivos fundamentales de bien común. Y ahora viene el plebiscito de
salida. Desde hace años prevalece un clima de desconfianza, que a veces
nos damos cuenta acá en Magallanes que se ve traducido en hostigamiento
constante y afanes descalificatorios, algo nunca antes visto en nuestra
bella historia regional, acostumbrados a convivir transversalmente y
aceptando nuestras grandes diferencias. Hoy asistimos a la máxima
intolerancia. La polarización de la política es una predominante, con
sectores intransigentes que lindan en el dogmatismo ideológico y han
llegado a deslegitimar el orden imperante, con chantajes públicos y
amenazas. ¿De qué estamos hablando? Los Gobiernos también han cometido
numerosos errores en la conducción, pero también las sublevaciones
obstruyen la unidad que el país necesita.

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