Un problema Interior

Una
de las cosas que más incertidumbre generó durante la elección
Presidencial fue la falta de experiencia del Presidente Gabriel Boric y
de su equipo. Pero otra que también llamó la atención, y que pasó más
quitada de ruido, fue la soberbia y ese mesianismo refundacional donde
estos “jóvenes soñadores”, nido ídem al que cada semana ocupan
manifestantes y vándalos para hacer de las suyas en la más absoluta
impunidad, venían a meterle más “inestabilidad” al país. Y quien ha
destacado con creces, y no de buena forma, en este ámbito ha sido la
(inexplicablemente) aún Ministra del Interior, Izkia Siches. En su
particular estilo, y en apenas un mes de asumido el gobierno, ha sido
protagonista de una serie de salidas de libreto donde el fallido ingreso
a la comunidad de Temucuicui en la Araucanía era la guinda de la torta.
Siches, otrora cabeza del Colegio Médico, construyó una agenda de
posicionamiento en base a polemizar con quien se le cruzara en el
entonces oficialismo. Fue tanto su nivel de figuración que incluso,
algunas voces, llegaron a posicionarla como posible carta presidencial
para los próximos años. Siches, por cierto, fue pieza clave en el
andamiaje del entonces candidato Boric con un despliegue donde no se
guardó nada, llenando sus redes sociales de contenidos y mensajes (no
necesariamente veraces) que alentaban a la comunidad arbolística para
lograr el ansiado triunfo. Sin embargo Siches, confiada en su inmunidad y
ascendente sobre Boric y el gabinete, fue protagonista de un hecho sin
precedentes: la secretaria de Estado durante su exposición en la
comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados afirmó que “el
problema es que identificamos que uno de los aviones de las expulsiones
que se hicieron, por ejemplo a Venezuela, retornaron con las mismas
personas, con todos los pasajeros expulsados”, indicando además que el
hecho “es algo gravísimo” por la “cantidad de recursos de trasladar un
avión lleno de personas y retornarlo entero”. Lógicamente tamaña
aseveración, en pleno Congreso, no dejó indiferente a nadie. Pero lo que
más sorprendió fue que Siches afirmara esto sin presentar las pruebas –
evidencias que validaran su acusación. Por cierto, el hecho no pasó
inadvertido para quienes tuvieron a su cargo, en el gobierno anterior,
este trabajo desatando una serie de dimes y diretes a través de twitter.
¿Qué pasó finalmente? Que la (aún) ministra del Interior tuvo que
salir a pedir disculpas, a través de esta red social: la afirmación no
era veraz y la secretaria de Estado no encontró nada mejor que decir que
“había sido mal informada”. Lo que uno podría haber esperado, por
cuestiones de dignidad (palabra que a la izquierda tanto le gusta
manosear, pero sin practicar) era que Siches hubiera puesto su cargo a
disposición del presidente o bien que, como parte de su liderazgo, el
magallánico le hubiera pedido la renuncia, ajustando su gabinete en una
cartera clave como es Interior. Pero nada sucedió. Sólo un afectuoso
llamado de atención y la vida continua. No sin antes inventar un sumario
y poner en tela de juicio la trayectoria y reputación de Carmen Gloria
Daneri, mujer (y chivo expiatorio) con una dilatada trayectoria en temas
migratorios. Esto también nos lleva a reflexionar en la falta de
consistencia y llamativo que resulta que un gobierno, autodenominado
“feminista”, lance a la hoguera a una mujer “X” para proteger y validar a
una ministra del Interior cuyos exabruptos y pasadas de revoluciones
seguirán siendo protagonistas por una cuestión simple: Siches es así, es
su naturaleza. La única posibilidad es que la tengan guardada, no de
declaraciones ni entrevistas, al menos hasta que las aguas se aquieten
por un rato. En tanto, el país seguirá en la cuerda floja a la espera
del desenlace en torno a una nueva Constitución y bajo un gobierno que
hará todo por ganar ese plebiscito porque eso es todo y cuanto importa.
¿El problema? Las urgencias de las chilenas y chilenos van mucho más
allá de una nueva Carta Fundamental y, el actual gobierno, no reúne las
competencias mínimas de experiencia, ética, probidad y consecuencia para
generar tanto respuestas como soluciones.

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